El presidente saliente de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyono, en el poder desde 2004, es el gran favorito en las elecciones del miércoles, en la tercera democracia del mundo de mayoría musulmana.
Unos 175 millones de electores están habilitados para votar en los comicios del miércoles, en los que podrían reelegir a quien todo el mundo llama por sus iniciales, SBY, según las encuestas.
El ex general, de 59 años, tiene un índice de popularidad del 60% porque «no ha cometido grandes errores en los cinco años que lleva en el poder», según un observador político, Wimar Witoelar.
Y lo que es mejor: su quinquenato se ha caracterizado por una vuelta a la calma tras los años de caótico aprendizaje de la democracia posteriores al final brutal de 32 años de dictadura de Suharto en 1998.
Con un fuerte crecimiento económico en 2007 y 2008, el final del conflicto separatista de Aceh, un aplacamiento de la tensión religiosa en las islas Molucras, una reducción del riesgo del terrorismo islamista, Indonesia ha dejado de aparecer como el coto de las crisis del sudeste asiático.
«La opinión se muestra globalmente satisfecha con el balance de SBY y no ve razones para cambiar de presidente», subraya Witoelar.
La tarea del presidente saliente ha sido favorecida por la debilidad de los otros dos candidatos, Jusuf Kalla y Megawati Sukarnoputri, que no logró presentar una alternativa creíble durante la campaña, que fue sumamente tranquila, en lugar de estimulante.
No pudieron aparecer como el símbolo de la renovación de la clase política, en un país donde un cuarto de la población tiene menos de 15 años.
Jusuf Kalla, empresario de 67 años, rompió de forma abrupta en la primavera boreal pasada con Yughoyono, del que era vicepresidente desde hacía cinco años.
A los 62 años, Megawati, hija del héroe de la independencia Sukarno, intentó un regreso improbable luego de haber perdido el poder en las elecciones de 2004, derrotada en la segunda vuelta.
Esta mujer sin demasiado carisma, que se presenta como la campeona de la «economía para el pueblo», se opone al «neoliberalismo» de SBY a quien acusa de favorecer a los inversores extranjeros y a los grandes equilibrios en detrimento de la tarea social, un argumento que el actual presidente ha echado por tierra fácilmente.
SBY se ha declarado «orgulloso» de haber ayudado a 19 millones de pobres a enfrentar el aumento del costo de la vida distribuyendo dinero efectivo, arroz y aceite.
También hizo alarde en su balance de cinco años en el poder de luchar contra la corrupción, un mal endémico en este país.
Decenas de políticos, patrones y altos responsables, entre éstos un gobernador del Banco de Indonesia, están en la cárcel gracias a la determinación de la denominada Comisión de Erradicación de la Corrupción.
Sin embargo, según Mulya Lubis, de la organización Transparency International, «los peces gordos no han sido molestados».
En el primer país musulmán del mundo, la religión no fue un asunto de campaña, excepto por las críticas contra la esposa de SBY porque no viste el velo islámico.
El candidato será elegido en primera vuelta si obtiene la mayoría absoluta y al menos el 20% de los votos en al menos la mitad de las provincias de este inmenso archipiélago que 17.500 islas e islotes entre el océano Indico y el mar de China Meridional en el que viven 234 millones de personas, que lo convierten en el cuarto país más poblado del mundo.
De lo contrario, una segunda vuelta se hará en septiembre.