Yo estuve ahí­ y lo vi (II)


«Plan de la subida» fue lo que pude alcanzar a leer en los papeles que los policí­as sacaron de las mochilas, documento que a viva voz empezó a leer a sus compañeros el policí­a que los tení­a, me di cuenta que lo que estaban leyendo era la guí­a de las acciones que habí­an previsto las personas que se encontraban ahí­ en las oficinas de la Embajada de España.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

Percatándome que las cosas eran más complicadas y delicadas de lo que al principio nos habí­amos imaginado, salí­ y me quedé parado frente al inmueble, a medida que transcurrió el tiempo, observé varios hechos:

1.) La llegada de los bomberos y de la prensa.

2.) La salida del doctor Mario Aguirre Godoy, con la expresión de una persona angustiada y preocupada. Mario habí­a sido mi profesor de derecho procesal y procesal civil en la Universidad Rafael Landí­var, me le acerqué y le pregunté ¿está bien, se le ofrece algo? Respondió: no, Paco, estoy bien, los policí­as me sacaron jalando por una ventana, bendito Dios estoy bien.

3.) Continuó transcurriendo el tiempo y presencié también la salida del embajador ílvaro Cajal y López, quien en mangas de camisa y con la barba un poquito chamuscada, salió con policí­as. Una señora con uniforme de la Cruz Roja y acento español gritaba: es el embajador, es el embajador, déjenlo subir al autobús de la Cruz Roja, como efectivamente se lo permitieron y la señora partió con él.

4.) Simultáneamente a la salida del embajador, los policí­as gritaron está saliendo humo y fuego en el segundo piso, un joven se subió en la parte exterior, trataba de arrancar el balcón y gritaba: tí­renme una cuerda, ayúdenme a jalar el balcón, mi padre está dentro. Posteriormente me enteré que el joven era el hijo del ex Canciller Adolfo Molina Orantes, que fuera uno de los abogados que perecieron dentro del inmueble.

5.) Nunca vi la presencia de ningún miembro del ejército.

6.) Tampoco vi que fuera una acción muy bien coordinada por la policí­a.

Si las fuerzas de seguridad fueron solicitadas telefónicamente desde adentro no me consta, aunque he leí­do recientemente en la prensa nacional el testimonio de quien fuera el embajador en México, Jorge Palmieri, quien ha relatado que encontrándose él en la Cancillerí­a y habiendo contestado el teléfono en el despacho en el que se encontraba, por estar ausente el funcionario que visitaba en ese lugar ese dí­a, respondió el teléfono y recibió la llamada que le pedí­a auxilio y solicitaba que se les rescatara de dentro de la embajada de España, que habí­a sido ocupada. Sabemos la seriedad y la importancia de las afirmaciones de Jorge Palmieri.

Se sabe que varios guatemaltecos estuvieron ahí­. Sin ánimo de prejuzgar, acusar o defender, estimo que al igual que yo, tienen la obligación ético-moral de relatar lo que presenciaron o les consta, sin deseo de perjudicar o de beneficiar a alguien para que en conciencia se establezca y registre la verdad en la historia.

Continuará.