Yo a


 Me gusta esa campaña que bajo el tí­tulo de «yo asumo» promueve el imperativo de la puntualidad.  «Yo a «, dicen, entregar con puntualidad mis informes laborales, «yo a » llegar a tiempo al trabajo, «yo a » cumplir con mis compromisos.  Me gusta porque a través de la persuasión, el diálogo y la buena conciencia impulsan una cultura que muy seguramente ayude al paí­s a adoptar paradigmas positivos.

Eduardo Blandón

 Con todo, he pensado que el «yo asumo» no deberí­a enfocarse sólo en el cumplimiento de los obreros con sus compromisos laborales, sino también el patronal (el de la otra parte).  Por ejemplo, me gustarí­a que los jefes de las empresas cumplieran el «yo asumo» pagar puntualmente los salarios a mis trabajadores.  Imagí­nese qué lindo serí­a una cultura así­.

Y es urgente el «yo asumo» de los patronos porque ellos suelen esperar mucho: puntualidad, responsabilidad y mucha generosidad respecto a ir más allá de los términos de referencia del contrato, pero hacen poco o nada cuando se trata de cumplir con lo que ellos supuestamente «han asumido».  Por ello, la campaña deberí­a decir también «yo asumo, pagar cumplidamente las horas extras de mis empleados». 

 Los empresarios deben entender que ellos con frecuencia no son modélicos en el cumplimiento de sus obligaciones.  Han fallado en exceso.  En realidad nadie les ha enseñado el «yo a «.  No es justo, por tanto, que la campaña los ignore y no les recuerde, por ejemplo, respetar la ley en el pago puntual de los bonos y los dí­as de descanso de los trabajadores. 

Muchos empresarios no asumen nada.  O más  bien «asumen» una actitud desinteresada y de azadón.  Así­ tenemos que, pagan cuando se les antoja (cuando pueden y tienen, dicen), reclaman lo que no practican (lealtad, por ejemplo, cuando ellos no la conocen con sus trabajadores), exigen horarios desmedidos (sin reconocer casi nunca el esfuerzo) y tienen un trato (de relaciones humanas) caverní­cola, mal educado y salvaje.

Con empresarios así­ no vale la pena asumir nada.  Hablan de cristianismo, pronuncian discursos morales, se dan golpes de pecho -hasta fingen escándalo-, pero en verdad practican un doble rasero: el cumplimiento y la disciplina para ellos (los trabajadores, dicen), la laxitud para nosotros  (los empresarios).  La conciencia escrupulosa para ellos (los trabajadores, dicen), la conciencia relajada para nosotros (los empresarios).

 Es bueno cambiar la cultura y ser puntual.  Es fabuloso cumplir con nuestros compromisos.  Gana méritos quien entrega sus trabajos a tiempo.  Pero esto lo debemos cumplir TODOS.  Yo asumo que es así­, ¿no?