Ya vamos a ser “guatecos”


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Todo es cuestión de modas y modismos que se van imponiendo gradualmente, unos se quedan y otros se van. La vez anterior me referí a la forma como gritan los ayudantes de camionetas y de ruleteros los nombres de sus destinos: «YA” por Maya; NIZO, por Granizo; LAGRO, por el Milagro, etc.

POR JOSÉ ANTONIO GARCÍA URREA

Y dentro de eso de acortar palabras se está introduciendo el de no decir GUATEMALA, sino GUATE, con lo que dejaríamos de ser guatemaltecos, para ser únicamente GUATECOS. No sé si les gustaría eso… a mí no.

Por otra parte, se está generalizando el vocablo CHAPINES, que en una época fue adversado, pues decían que era como decirnos pantuflas, pero en estos días lo veo escrito, lo veo en televisión, lo oigo decir por la radio… a mí me gusta que me digan chapín.

A propósito, se me ocurre que deberían imprimir playeras que dijeran: SOY PURO GUATEMALTECO, SOY CHAPÍN, GUATEMALA EL MÁS BELLO PAÍS DEL MUNDO, y otros sobre el mismo tema que se les ocurrieran.

El nombre lo adversan por lo de MALA, pero nuestra patria no es mala, al contrario, los chapines somos pero requetebuena gente, hay sus excepciones como en todo conglomerado, pero es algo a lo que se refieren los extranjeros que nos visitan y de donde resulta que muchos de ellos se trasladan para acá. Recuerdo de un diplomático (norteamericano), que su período de estancia en Guatemala era de dos años, pero se las ingenió para estar cuatro y cuando se fue, se llevó a la cocinera porque le gustaba la comida chapina y hasta el loro, y, según dijo, al jubilarse se vendría a vivir acá.

Mi maestro de cine (ya me he referido a él) era yugoslavo, ciudadano norteamericano por adopción; estuvo viviendo aquí varios años haciendo trabajos cinematográficos para una entidad internacional. A la vez de su alumno, fui su ayudante; me pagaba: fue quien, lo dije una vez, rescató la cabeza de Maximón de Atitlán, porque un cura español lo quemó, como lo había filmado, del negativo, yo tenía entonces mi cuarto oscuro, también soy fotógrafo, hice una serie de fotografías de todo el entorno de la cabeza tamaño 8 X 10″ y de acuerdo a ellas, en Artes Plásticas la reprodujeron y él se la llevó a la Cofradía respectiva. Lo requetequerían.

Pues un día, míster Richard tuvo que ir a Santa Bárbara, California, en donde tenía su casa y se fueron con su esposa, pero las personas de la casa aquí, en donde ellos estaban hospedados se pusieron a llorar y él me decía: «¿Por qué la gente de aquí llora cuando uno se va? si es cosa de tomar el avión, viene y se va y regresa.» -Le dije: es que así somos los guatemaltecos, querendones, a ustedes les tienen cariño y por eso lloran.

Él trató de fundar una escuela cinematográfica, fue novedad, hubo muchas y muchos inscritos, era gratuita, se reunían en el salón de actos del Instituto Central para Varones, pero al ver que el estudio era serio fueron desertando, nos quedamos cinco, de ellos yo.

Pues van a ver, a míster Richard le gustaba el nombre de Guatemala, jamás reparó en el apócope, e incluso tenía el propósito de venir a vivir aquí.

Pues el caso es que me parece que las autoridades de Gobierno correspondientes, no sé si Turismo o el Congreso de la República deben tomar cartas en el asunto para detener eso ya de andar mutilando el nombre de nuestra Patria, y que se diga verbal o escrito claramente: GUATEMALA, y se sancione a todo aquel que por esnobismo lo esté acortando.