Ya lo sabí­amos



La selección guatemalteca de fútbol ha tenido malas actuaciones en la historia de la Copa de Oro. Habitualmente, no logra pasar ni siquiera la primera ronda. Para la edición de este año, se llegó hasta los Cuartos de Final; no obstante, esto no debe calificarse como un éxito.

Ya sabí­amos que la selección no iba a tener una buena participación, por lo que no debe sorprendernos este resultado. Sin embargo, las lecciones deben aprenderse para el futuro, en lugar de iniciar una «cacerí­a de brujas» en contra de los supuestos culpables.

Todo desarrollo debe empezar, necesariamente, con malos resultados. El problema del fútbol guatemalteco es que, con el primer resultado negativo, se quiere cortar la cabeza del técnico y de algunos otros más.

Si no mal se recordará, Guatemala quedó en quinto lugar de la Concacaf en las pasadas eliminatorias mundialistas. En ese proceso, se dejó en el camino a Canadá, selección que, al verse ya completamente eliminada, convocó para su último partido a jóvenes para poder iniciar un nuevo proceso. Ese mismo equipo canadiense fue el que nos ganó el sábado pasado.

Para obtener resultados, se debe continuar con los procesos. Nuevamente está trascendiendo la noticia de que el Bolillo Gómez no se siente a gusto. A pesar de que algunos crean que fue errónea la contratación del colombiano, ahora se le debe ratificar en su puesto, y concluir el proceso; cuando termine su contrato, debe aprenderse la lección de no contratar a un seleccionador ajeno a la realidad futbolí­stica del paí­s y que cobre demasiado dinero.

Un proceso a largo plazo es lo único que ha dado resultados para el fútbol de Guatemala. Si no, hay que ver las lecciones del Deportivo Marquense, Municipal y Xelajú, que hoy dí­a gozan de éxito por haber mantenido la base de sus jugadores y a sus entrenadores.