Con toda una serie de espectáculos realmente impresionantes se arrellanó el martes 20 de este primer mes del 2009, con legítimo orgullo y no menos derecho, en el trono presidencial de la portentosa y codiciada Casa Blanca, Barack Obama.
Es el primer «moreno», de ascendencia africana, que llega al solio que ocupó durante ocho años «mister» George W. Bush, blanco favorito de los enemigos del sistema democrático que luchan embozada y desembozadamente por implantar en el hemisferio occidental un orden de cosas como el que han pretendido y pretenden los Castro, de Cuba; Hugo Chávez, de Venezuela; Evo Morales, de Bolivia; Rafael Correa, de Ecuador, y Daniel Ortega, de Nicaragua, con mayor empeño en la América Latina.
Atrás de esa gente pueden estar en las jugadas otros gerifaltes de la línea de los ya citados, en la región indoamericana, pero éstos están como titubeando para no echar de bruces los intereses de sus respectivos feudos…
El nuevo ocupante de la Casa Blanca debe de tener en su agenda, entre lo de primerísimas prioridades, la cuestión latinoamericana. En gran parte del área austral los pueblos, azuzados por los políticos marrulleros y por los que van a horcajadas de los acicateados potros se han sentido como abandonados a su suerte por el Tío Sam, y por ese motivo con frecuencia trotan hacia los países de varios continentes. Tocan puertas en la China comunista, en Irán, en Rusia, en los 22 países que integran la Liga Palestina, tratando de lograr sus propósitos.
El recién estrenado gobernante de los Estados Unidos de América, Obama, tiene grandes desafíos. Están los de los 12 millones de inmigrantes indocumentados que dejaron los solares patrios al influjo del «sueño americano» que ahora se ha vuelto una verdadera pesadilla para esa población de diferentes nacionalidades. Está la super-erosionada cuestión económico-financiera; están las marejadas de drogas (el narcotráfico que por lo visto está fuera de efectivo control); están otros agudos y candentes problemas que deben ser afrontados sin pérdida de tiempo, antes que relampaguee y truene.
No cabe duda que Obama tiene muchas brasas que pueden quemarle las manos en algún momento de su quehacer presidencial. Tendrá que trabajar con inteligencia y realismo con miras a mejorar las condiciones generales de la próspera nación norteamericana. ¡Y para luego es tarde! El movimiento se demuestra andando.
Debe de estar preocupando a Barack y causándole dolores de cabeza la convulsa y tronante situación mundial, sobre todo las guerras de Irak y de Afganistán, así como los chisporroteos de israelíes y palestinos. Estará sintiendo el aguijoneo de espinas y el fuego de toda la virtualmente irresoluble situación que viene de lejos. De muy lejos.
Su brillante secretaria de Estado, Hillary Clinton, tendrá que estudiar detenidamente, muy a fondo, el contexto de las relaciones estadounidenses con los países latinoamericanos, porque andan mal, muy mal. Lo bélico del Oriente Medio y una política de relación infortunada ha hecho que se sientan relegadas como al olvido a las mencionadas naciones.
Bien vale la pena ir al paso de la actualidad internacional para ver el comportamiento de los humanos de las alturas y de las llanuras. Especialmente conviene estar atento respecto de lo que ocurra hoy que está empuñando las riendas del poder de los Estados Unidos de América un hombre relativamente joven que, como se ha informado en los más influyentes medios de comunicación internacional, tiene buena formación académica, mas no muchos conocimientos y experiencia acumulados como estadista. Sin embargo, habrá que esperar las importantes realizaciones contempladas a escala nacional e internacional.