Desde mediados del siglo pasado, la China comunista ha hecho graves y muy preocupantes amenazas bélicas contra Taiwán, República de China, fundada en 1912 por el insigne estadista Sun Yat-sen. Ha intentado invadir el territorio taiwanés.
El coloso colocó cañones y otras armas agresivas a lo largo del Estrecho, en suelo continental y, durante varios meses, bombardeó las islas cercanas a la tierra firme de Taiwán, convertida en baluarte de la libertad por el generalísimo Chiang Kai-shek. Y es que Mao Tse-tung y sus huestes rojas habían implantado el orden de cosas comunistas que subsisten hoy por hoy en el continente.
La República de China no se cruzó de brazos al ser cañoneada en sus pequeñas islas por el agresivo gigante continental, pues respondió a los guerreristas maoístas a tono con las circunstancias.
No hace mucho, la China comunista volvió a lanzar sus amenazas de «recuperar» la isla de Taiwán y sus islotes con más de un centenar de misiles que aún mantiene apuntando a la que llama «provincia rebelde».
Sin embargo, está cambiando la situación en el Estrecho. Se está produciendo un diálogo frecuente o más o menos continuo y, así, con un lenguaje no tan hostil que se diga, se están firmando acuerdos que pueden culminar felizmente en una paz duradera, definitiva.
Actualmente, el gigante blindado y las naciones afiliadas a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), están empeñados en formar un área de libre comercio en 2010, con lo cual pueden provocar serio deterioro económico a la República de China con asiento en Taiwán, por cuanto sus exportaciones se verían gravadas en China continental con onerosas cargas fiscales, lo cual significaría enfrentar una competencia desventajosa, si se quiere desleal, en perjuicio de los intereses económico-financieros de Taiwán.
Ante lo que habrá de ocurrir el próximo año, como consecuencia del pacto de cooperación de Pekín con los estados pertenecientes a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), el presidente de la República de China, Ma Ying-jeou, aseguró al pueblo (taiwanés) que el propuesto acuerdo de cooperación económica con China continental no es de naturaleza política y que no involucrará los asuntos de unificación e independencia y, a la vez, el presidente Ma hizo hincapié en la urgencia de llegar a un consenso con el propósito de mantener la competitividad de Taiwán.
El mandatario advirtió que la situación probablemente genere un éxodo de empresas hacia el Sudeste Asiático, lo que podría desencadenar la pérdida de 114 mil empleos en Taiwán y el descenso de uno por ciento en el producto interno bruto de la nación.
El Partido Democrático Progresista (DPP) y el Partido Unión de Solidaridad se oponen al propuesto acuerdo con la China continental, argumentan que denigraría el estatus de Taiwán y aceleraría el camino para la unificación con ese estado comunista.
Las negociaciones son dirigidas por P.K. Chiang, presidente de la semioficial fundación para los intercambios a través del Estrecho.
Habrá que recordar que siempre el tiburón puede comerse a las sardinas… Eso sí, la República de China (Taiwán) es un hueso muy duro para que se lo trague en pedazos la amenazante y rugiente China comunista. Cuenta la «sardina» con la solidaridad y apoyo de numerosos países del mundo, grandes y pequeños, aunque no hay enemigos pequeños?