En la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que congrega a todas las naciones del mundo, de todas las razas y de todas las religiones, cuando siguen un itinerario, cuando siguen un programa de trabajo, y lo inician o lo clausuran hacen siempre referencia a Cristo. Y lo digo así porque desde hace seis décadas, desde cuando se asentó la fecha de su fundación, 24 de octubre de 1945 hicieron referencia a Cristo. Sí, se estaban refiriendo a un acontecimiento acaecido 1945 años antes. La fecha del nacimiento del Hijo del Hombre.
Y así ha ocurrido, diariamente y todos los días desde hace 62 años y 2 meses, cuando esta entidad que representa a todas las naciones, razas y religiones del mundo, le pone una marca en el tiempo a su trabajo.
Es cierto que existen otras naciones, otras religiones, otras millonarias comunidades raciales que tienen su muy propio calendario, y hacen referencia a él con objeto de reafirmar su identidad. Sin embargo, cuando a la hora de crear ese ente, la ONU, que pretende agruparlas a todas para así unificar su quehacer, hubo que asentar una fecha, y, en ese instante se hizo referencia a Cristo, a quien así, se le rendía un homenaje.
Algo así como si un no creyente afirmara: «yo no ceo en ti, pero tengo que aceptarte». Y ahí van los millones y millones de mahometanos, de budistas, de judíos, y todos habitantes de Asia, ífrica, Europa, Oceanía, y América, todos los billones de no creyentes, rindiendo un homenaje a Aquél en quien dicen no creer.
Es más, a ti, no creyente, que pretendes no creer en Dios, ni en Cristo, cuando decidas hacer una manifestación pública de tus creencias tendrás que ponerle una fecha. Y, quieras o no, al asentar de tu puño y letra la fecha de tu manifiesto, estarás aceptándolo a í‰l, como a Alguien a quien no puedes ignorar y que en contra de todos tus deseos, habrás de aceptar.
Me pregunto cómo sería la cosa si tú y los tuyos decidieran que de hoy en adelante ya no usarán la Era Cristiana, y que impondrán en el mundo otro calendario usando como punto de partida otra fecha más memorable. Me pregunto cuál sería esa otra fecha. ¿Qué otro acontecimiento escogerías tú para marcar el tiempo del mundo? Y, si creyeras haberlo encontrado, tendrías que iniciar una campaña para convencer a todos aquellos billones entre blancos, negros, amarillos y cobrizos que en el mundo no creen en ti, Cristo, de que hay que cambiar y empezar a regir al mundo con otro nuevo calendario. Fantasías.
Y todos los no creyentes, reunidos en la sede de las Naciones Unidas acordarán unánimemente hacer la siguiente declaración: «a partir de mañana ya nos regiremos por un nuevo calendario. «A partir de mañana se iniciará un nuevo conteo del tiempo con unas nuevas fechas».Y se verán obligados entonces, a la hora de firmarlo, a escribir en el documento una fecha que hace referencia a Cristo.
Me pregunto cuál sería la respuesta de los niños de toda la Tierra a la siguiente interrogante: «Â¿Cuál creen ustedes que es la razón por la cual se escogió el nacimiento de Cristo para marcar y medir el tiempo del mundo?
Y aquí estamos una vez más, después de 2006 años celebrando el acontecimiento, el nacimiento del Niño Jesús en Belén de Judá. ¿Por qué?