Y, ¿Quién puso fuego ahí­?


El 31 de enero de 1980, 37 campesinos que demandaban el cese de secuestros y violencia durante el conflicto armado interno, tomaron de forma pací­fica la sede de la Embajada de España, para presionar al gobierno de turno, presidido por el general Romeo Lucas Garcí­a. Luego de dos dí­as de estar cercados por fuerzas gubernamentales, llegó la orden de retomar (muchos testigos afirman haber escuchado la orden de incinerar y no dejar sobrevivientes) la sede diplomática.

Carlos Duarte
lahora@lahora.com.gt

Armados con granadas, cócteles molotov y revólveres, la Policí­a Nacional y la Policí­a Militar intentaron un asalto, el cual al ver que fracasaba, optaron por lanzar granadas y cócteles molotov, y cerrar de forma hermética cualquier salida a alguno de los ocupantes.

Solamente dos personas sobrevivieron, el embajador de esa época y un campesino que luego fue secuestrado y desaparecido mientras se recuperaba.

Hoy después de 29 años, familiares y amigos de las ví­ctimas de esa masacre, conmemoran la impunidad y la falta de justicia de parte de los organismos de Estado, que debieran de fortalecer la paz y la justicia en el paí­s.