Y pasó el 4/11, ¿qué novedades se nos vienen?


Ya tenemos al «hombre» a punto de arrepanchingarse con pesado ajobo en el regio y codiciado sillón del palacio verde.

Marco Tulio Trejo Paiz

El 14 de enero del año venidero lo tendremos sonriente, ceñudo o simplemente haciendo gala de triunfalismo con altivez, pero vacilante y meditabundo respecto de lo que tiene qué hacer en el marco de los deberes y obligaciones de Estado, así­ como tratando de demostrar que los ofrecimientos de campaña polí­tico-electoral no fueron meras ventradas de demagogia barata, sino sinceros propósitos de resolver las cosas a la mejor conveniencia de todos los guatemaltecos sin distingo alguno…

No es fácil, sino difí­cil, muy difí­cil, sobre todo en las actuales circunstancias nacionales e internacionales, realizar con éxito la jornada del nuevo timonel del inflado aparato burocrático. Es mucho y por demás costoso lo que debe afrontarse con absoluta decisión para procurar, siquiera para procurar, recalcamos, dar algunas soluciones a la gran problemática de la nación, especialmente con el fin de atenuar esas grandes pesadillas de la enorme masa popular desastrada que sólo ha tenido que paladear los ací­bares de la pobreza y la indigencia, no así­ los almí­bares de la decantada democracia…

Diremos que no es lo mismo estar abajo que arriba del gallinero oficial en este varias veces mutilado patio centroamericano. Hay ingentes problemas y necesidades que con urgencia y verdadera determinación deberí­an o deben, mejor dicho, ser atendidos para honrar al sistema democrático que brinda preciados atributos: Derechos humanos bien entendidos y aplicados, o sean los de libertad, bienestar y justicia social, entre otros que son esenciales.

Es indiscutible que, lamentablemente, el conglomerado ciudadano -por no decir todo el pueblo- se ha fracturado y, por esa razón, tenemos divisionismo de polo a polo explicable por las ambiciones personales y sectarias atribuibles a la inedificante politiquerí­a partidista que virtualmente se ha generalizado aquí­, en este suelo nuestro, por lo que consideramos que ha llegado la hora de deponer beligerancia, de comprender las realidades coyunturales, de entregarse -cada cual es su campo- al trabajo constructivo y, poco a poco, a esfuerzos de reconciliación nacional. Eso es lo deseable y lo que ocurre en otros paí­ses donde quedan de lado las desavenencias con su cauda de resquemores después de los jaleos comiciales.

Uno de los motivos por los cuales grandes grupos ciudadanos y de l apoblación en general están descontentos son los abusos, las jugarretas y los manoseos o saqueos de las arcas nacionales y municipales a los que han de haber recurrido, a más no poder, los corruptos que, al menos hoy por hoy, disponen a su antojo de los dineros del pueblo para la antidemocrática reelección de sus compinches, o sea toda una cáfila de diputados, alcaldes y concejales, a pesar de los manejos turbios para el enriquecimiento ilí­cito de la noche a la mañana y, en sí­stesis, de las malas actuaciones en general.

Observadores extranjeros y gente pensante, acuciosa, de nuestro solar, pronostican violencia en la época post-electoral y, aun, en el nuevo festí­n de la cosa pública que principiará «el 14 a las 14 (de enero), como dirí­a un iluso candidato presidencial que saboreó el polvo de la derrota en un evento electorero de no muy lejanos dí­as…

Por de pronto, dejemos que siga corriendo la bola, al fin y al cabo este pobre paí­s es precisamente de las bolas, de los bolos y, un dí­a y otro también…, ¡de las balas!

¡Ojalá que todo pase sin que pase nada, estimado Juan Pueblo!