Un leve cambio se nota en la mayoría poblacional. Pero respecto al orden material en toda la línea. A propósito del CLXXXVII Aniversario de la emancipación política de España, junto a las demás parcelas centroamericanas -que formaron la Capitanía General de Guatemala.
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Echan mano de manifestaciones como banderitas, desfiles, antorchas, conciertos populares de marimba, entre otras. El frontispicio de las viviendas luce ornamentación con diversos elementos, las cuales adquieren una deseable pero pasajera imagen, fruto de la euforia generalizada, celebrada con abundante pirotecnia.
Tal actitud refleja costumbres plurales, desde días antes hasta el propio 15 de Septiembre. Pero pasada la trascendental efeméride la población de inmediato vuelve a las andadas, no hay quite. Gana terreno en el acto el permanente estado de cosas negativo, marco inconfundible del ambiente ingrato.
Ello demuestra lamentablemente que la descomposición social impera en gran medida. En vez del amor patrio, del civismo sólido; convivencia pacífica y práctica de valores humanos indispensables. Del respeto a la vida, a la dignidad y el honor individual. Esto desaparecido de nuestro entorno hace tiempo.
Pasado el 15 de Septiembre tiene presencia el desenfreno y su negra secuela. Están a la vista los hechos que comprueban que «el hombre es el lobo del hombre». Secuestros, asesinatos, violaciones sexuales; robos y asaltos callejeros constituyen la nota roja, a título de desesperante por completo.
Las acciones conformantes de la violencia desangrante, criminalidad dominante, representan los parámetros de la diaria tragedia que asola al país. Los asesinatos de féminas y pilotos del transporte público, vienen a ser la signatura de desconsuelo cotidiano que abaten el ánimo de los habitantes.
La pequeña tregua del 15 de Septiembre se borra instantáneamente para dar paso libre, otra y otra vez a los tétricos nubarrones que envuelven el panorama guatemalteco. El Estado se encuentra ya en la cuerda floja, situación verdaderamente generadora de una cruel incertidumbre que flota en el ambiente nuestro.
El aniversario patrio es indudable que duele hasta lo más profundo de la tierra que nos ha visto nacer. Porque infinidad de crespones de luto la cubren por completo. Cuando la seguridad y confianza, que andan perdidas hoy en día, es imposible pueda haber tranquilidad colectiva en los connacionales.
Es urgente y necesario el hecho que cada uno de los guatemaltecos rectifiquen su comportamiento, a manera de significativo homenaje a la patria. Si optan por la senda del bien, estarán cumpliendo al pie de la letra con el sagrado deber de retribuirle lo mucho que de ella reciben día tras día.
Deseable en toda la extensión de la palabra es que los organismos del Estado y sus integrantes se desempeñen conforme el juramento hecho de evidenciar una actuación de plena honradez. Que sirvan al país de un todo, pero que jamás ni nunca reviertan posiciones y se sirvan del mismo sin asomo de vergí¼enza.
Venturoso día de verdad será cuando brinde la justicia, solidaridad y el bien común. Entonces a voz en cuello podrá decirse que se ha cumplido con Guatemala, antes, en y después del 15 de Septiembre. Aparte de las demostraciones materiales que suelen cobrar fuerza volandera unos momentos efímeros.