¿Y los pelados que paguen más por las placas?


Las expresiones populares abundan para calificar a los funcionarios y empleados públicos. ¡Solo llegan a ver que sacan!, ¡solo les interesa engordar sus bolsillos! Y la que tipifica su cinismo es la que dice: ¡no es en dónde los pongan sino lo importante es que haya! De esta manera es cómo nuestros polí­ticos han valuado a través del tiempo su ideologí­a de izquierda, derecha, nacionalista, social-demócrata o comunista. No es con filosofí­a, ni colores, emblemas o sí­mbolos. Salvo contadas excepciones es con billetes contantes y sonantes como se definen. Lo ocurrido durante la interpelación del Ministro de Finanzas en el Congreso de la República no fue más que lo mismo de siempre. Poner sobre el tapete lo mal que se manejan, administran o dirigen los recursos públicos; de qué manera los diputados van a dar su brazo a torcer, aunque el pueblo siga aguantando más cargas tributarias, mientras los servicios públicos son cada vez más deficientes.

Francisco Cáceres Barrios

¡Por favor no nos sigan viendo la cara de lo que no somos! Es más que evidente que los recursos se siguen empleando mal, ilegal, técnica y administrativamente. ¿Y de qué otra manera se le puede llamar a pretender aprobar bonos por tres mil millones de quetzales, dizque para financiar actividades y necesidades que no pueden dejarse de hacer debido al plan de austeridad que se han impuesto, cuando se descubre que hay once asesores en el Ministerio de Finanzas que perciben remuneraciones superiores a los Q 20 mil mensuales, además de un asesor que siendo empleado bien remunerado del Congreso también trabaja para Finanzas percibiendo muchos dólares adicionales?

¡No hombre! Ya es hora de acabar con el despilfarro, como el que los funcionarios son carroceados en tres o cuatro lujosos vehí­culos con precios superiores al cuarto de millón de quetzales cada uno, mientras los hospitales o centros de salud siguen careciendo de todas las medicinas indispensables para sus pacientes, no digamos de una ambulancia en buenas condiciones para llevarlos de un lugar a otro. ¿Cuánto se embolsa exactamente cada cúpula ministerial (ministro, viceministros, directores, etc.) mensualmente en concepto de sueldos, gastos de representación, bonos, dietas. viáticos, pasajes y demás estipendios, mientras hay veinte mil maestros que no han podido cobrar su sueldo desde hace más de seis meses o médicos que, a pesar de su formación y capacitación académica, no rascan ni los cuatro mil quetzales mensuales?

Pero lo que más le duele al pueblo es que a pesar que anda con la soga al cuello, con el cincho ajustado hasta el último hoyo y sin medalla milagrosa para encontrar oportunidades que le permitan mejorar o al menos mantenerse estable mientras pasa la crisis, los señorones funcionarios disponen subir el precio de las placas de sus pichirilos, cuando apenas le alcanza para pagar el galón cada vez más caro de combustible. ¿Será justo, muchá?