Por trastornos de salud, que por lo regular nos da un poco más de tiempo en la relativa tranquilidad forzada para leer, ver u oír noticias y comentarios, pude analizar lo dicho por un Ministro de Salud y sus colaboradores tratando de menospreciar la importancia del dengue, de los padecimientos que por enfermedades respiratorias padece la población o por la ausencia de equipos, materiales o medicinas en centros o unidades hospitalarias del país. Podrán decirme que lo anterior es un caso aislado o particular en cualquier dependencia del Estado, pero no, triste y lamentable es decir que es el común denominador en nuestro diario vivir, porque nuestros políticos han adoptado la postura de hacer planes de campañas electorales exitosas pero, el plan de gobierno por lo regular lo dejan tirado en el camino, así como las correspondientes estrategias para llevarlos a la práctica.
Así es como aparece frente a las cámaras un funcionario del ramo de comunicaciones diciendo que por falta de fondos no se ha podido pagar a los proveedores para terminar de reparar un tramo carretero, otro, del ramo de la Educación, se hace los quesos para excusarse por no haber pagado a los maestros desde el mes de enero pasado, como al de Agricultura, de Gobernación y de tantos más que siguen sin tener argumentos válidos para desvirtuar su rotundo fracaso, a pesar que el gobierno de Colom lleva más de año y medio de haberse instaurado. ¿Y el pueblo? Estas son las horas que sigue sentado a la vera del largo camino, esperando a que San Juan baje el dedo para apreciar al menos unos pocos buenos resultados.
Y seguramente todo lo anterior va a seguir pasando, porque elegimos a «bomberos» para dirigir los destinos del país y no a políticos de carrera o a verdaderos estadistas. No es que menosprecie la loable profesión de quienes desempeñan tan brillante papel en nuestra sociedad, sino que es oportuno ratificar que de seguir en las mismas, va a llegar el momento en que el país por fructífero que sea, se derrumbe política, económica o socialmente en cualquier momento. Y es que a nadie escapa que «ya se escuchan los claros clarines» de prospectos que sin la preparación y formación suficiente aspiran al solio presidencial. ¿Y es que nada bueno puede esperar el pueblo ante tales expectativas? Así es, nada distinto de lo que hasta ahora ha venido sucediendo, pues se siguen sustituyendo los planes de trabajo consciente y profundamente elaborados sobre nuestra realidad nacional, por instrumentos distractores, politiqueros y populistas, que muy bien podrán servir de temporales tácticas distractoras, pero que no resuelven a fondo ninguno de nuestros problemas y carencias. Es tiempo entonces de advertir a nuestros políticos para comprender el verdadero significado de aquel famoso refrán que dice: «no hay mal que dure cien años ni pueblo que los aguante».