¿Y el dinero?


Con gran alegrí­a y entusiasmo, los guatemaltecos utilizamos los cohetillos (destinados para los goles de la Selección Nacional), para celebrar la captura de Raúl Girón, en quien recaen todas las sospechas de haber desaparecido, por debajo de la mesa, 82.8 millones de quetzales, producto del sudor del pueblo de Guatemala.


Y es que -disculpen si los medios de comunicación insistimos- éste es uno de los pocos casos que se han podido agarrar, aunque sea de la cola, a fuerza de que está machucada. Y es que -estará usted de acuerdo- saber ni qué otros negocios anómalos están ocurriendo, no sólo en el Congreso, sino que en el Estado en general.

Nuestro paí­s permanece en un perenne estado de impunidad, auspiciado por la larga tradición de los «qué me importa» de los gobiernos liberales, conservadores, liberales (otra vez), militares, dictatoriales, anticomunistas y, por fin, civiles, que hemos tenido que soportar.

Difí­cilmente creemos en la justicia, porque ésta no nos ha dado satisfacciones, como si fueran los atletas guatemaltecos que viajaron a Pekí­n.

Poniéndose la mano en la conciencia, el juez de turno tuvo el buen tino de no otorgar medida sustitutiva a Raúl Girón, quien la solicitaba, jurando, con Biblia en mano, que no se iba a escapar. El juez, prudentemente, le dijo, como un buen tendero, que no daba fiado. Girón pareció indignarse porque si él no se habí­a presentado, era porque estaba atento en la bolsa de valores, para cuidar su negocito, y ante la baja y rebaja del petróleo a nivel internacional (con excepción de Guatemala), el aún gerente de MDF (porque los accionistas no lo han desconocido) no se habí­a percatado que los 16 mil agentes de la PNC andaban tras de él.

Y, bueno, por fin, Girón se fue al Preventivo ligado a proceso, no como en otras ocasiones en que hemos visto a alcaldes asumir siendo prófugos o a prófugos huir del paí­s porque a alguien se le «chispotió» apurar la orden de arraigo.

Los más contentos, en este momento, aparte del pueblo de Guatemala, deben de ser Rubén Darí­o Morales y Eduardo Meyer, que por fin, de una vez por todas, podrán limpiar su buen nombre, ganado a pulso por haber obtenido la máxima magistratura del Congreso.

También, el general retirado Otto Pérez Molina, secretario general del Partido Patriota, podrá respirar en paz y dormir bien por las noches, ya que devolverá el dinero del préstamo a Girón, porque -usted lo sabrá- eso de deberle dinero a alguien, es más feo que quedarse sin dinero el Dí­a de las Madres.

Y sí­, muy bien por la justicia; muy bien por la Procuradurí­a de Derechos Humanos que supo defender la vida de Girón, pero no por ello lo dejó escapar, encaminando sus pasos hacia la Torre de Tribunales.

Muy bien por el juez. Muy bien por el Congreso, que podrá acallar así­ el clamor popular a una depuración con cloro y limón del Palacio Legislativo. Y muy bien por el pueblo de Guatemala.

Salgamos a las calles, como si fuera el mismí­simo Serrano Elí­as que retornara al paí­s para saldar sus deudas.

Pero en esta algarabí­a, por favor, por muy contento que esté usted, hágase la siguiente pregunta: ¿Y el pisto? A ver, a ver, que cuente el señor Girón… ¿Sabe usted dónde está?, y si sabe, ¿nos lo podrá devolver, por favor?