Y de repente la Usac de nuevo…


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Muchos años han pasado desde que inicié y terminé mis estudios universitarios, muchos sucesos que cambiaron mi vida para siempre, muchas anécdotas quedaron escritas en los cerebros y las retinas de quienes las vivimos juntos, mucho compromiso con la vida y el país se quedó en ese paréntesis de vida, muchos amigos vieron truncados sus futuros, muchos compañeros se hicieron amigos para siempre y muchos compañeros se quedaron para el recuerdo imperecedero.

Juan José Narciso Chúa


Cuando ingresé a la Facultad de Ciencias Económicas de la Usac, no tenía la menor idea de cómo, cuánto y cuán profundamente mi vida daría un giro impresionante. Fuera de las consideraciones académicas, la vida universitaria fue mucho más allá de las aulas y la grandeza de insignes maestros, las experiencias de catedráticos, las discusiones novedosas, los debates en clases, las discusiones en la noche y el desvelo, las lecturas de muchos libros fueron la consigna permanente.

Esos años y compañeros de facultad, habían quedado en el grato recuerdo y en el encuentro casual y esporádico; sin embargo, gracias a la iniciativa de Julio El Tronco Montenegro, nos volvimos a juntar un buen grupo de antiguos compañeros universitarios, encuentro al cual no había asistido ya en varios años, que pasaron a ser lustros y llegaron a alcanzar una década.

Y de repente el reencuentro y en ese volver, los recuerdos, las anécdotas, las risas y las carcajadas pasaron a ser el aderezo de esta agradable reunión convocada a inicios de diciembre. Volverse a ver con compañeros, con quienes compartimos tantos años de vida, de estudio  y de actividades extra-aula fue un momento extraordinario. En esos retazos sueltos de la memoria, hacía matemáticas simples que en esos años, nos veíamos todos los días -a veces hasta los sábados-, de 5 a 8 y media de la noche y ese ritmo se acumuló durante 5 años, más la preparación del privado y la tesis.

Cuando llegué a la reunión y volví a reencontrarme con esas caras, fue sumamente emotivo. Ahí estaba Ruby Rivers o Rubén Ríos con quien recordamos con grandes risas sus famosas “invitaciones” a fiestas inexistentes en calles imposibles de encontrar; ahí estaban Orieta y Sandra, con quienes tuve la oportunidad de conversar alegremente sobre sus hijos y ambas me contaron acerca del devenir de sus vástagos, con enorme satisfacción, salpicando el orgullo de sus hijos con las infaltables bromas y chistes.

Jorge Silva apareció también. Recordamos a Jorge como el ejemplo del “gerente”, ocupado, serio, ordenado, pero también le hicimos memoria de su color preferido: “el rosadito” y su gusto enorme por las “enchiladas”. Con una enorme sonrisa, como siempre, se encontraba Efraín Quinteros Fotocopia, con quien también coincidimos en la pérdida completa de cabello, pero adosamos dos o tres recuerdos de aquellos años. Edwin Mazariegos, el eterno fumador, también asistió y me comentó los alegres y difíciles momentos de su vida. Daniel estaba ahí también, ceremonioso, afectuoso, alegre. Isaías Rodas, luego fue mi compañero de maestría, se encontraba disfrutando del jolgorio, del gusto de reencontrarse, del placer de rememorar aquellas anécdotas que repetimos siempre y nos carcajeamos como si fueran nuevas.

Julio Montenegro El Tronco era la muestra del estudiante dedicado, siempre estaba en las clases, nunca dejó una clase. No se nos olvidó la “procesión”, aquella noche en su casa de la zona 8, cerquita de otro gran centro de operaciones “El Tinajón”.

Mi gran amiga: Ligia Chinchilla, Ondina para los compañeros, La Lich para mí, fue otra gran oportunidad de vernos, pues las actividades nos han distanciado. Disfrutamos el momento con aquella, nos carcajeamos de esos recuerdos y la pasamos bien.

Seguramente, faltaron muchos, El Chino, Mala Cara, Guayo, Chepe, Lucy, Haydeé, Heinz, Tizoc, El Rayo, Mejía, Heidi, Renán, Anidar, Teos, Culumbrón, Sergio Muñiz Javier Solís y un montón que se me escapan de la memoria. Un grato momento para empezar este diciembre, un enorme espacio para contagiarse de ese espíritu de Navidad que más allá de los regalos, invita al reencuentro, a la comunión familiar, a la convivencia laboral, a la certeza que este espacio significa abrir el corazón para dejarse envolver por esa mágica y nostálgica época de la Navidad en donde rememoramos el nacimiento de ese insigne ser que cambió el mundo, sin más que su palabra y su ejemplo. Salud amigos y compañeros.