¿Y de quién es la culpa pues…?


En la última columna que escribí­ relacionada con el cobro que por «parqueo» estableció el alcalde de Antigua a cualquiera que llegue a dicha ciudad en CUALQUIER DíA DEL Aí‘O, en uno de los comentarios que recibí­, un lector indicaba lacónicamente «Â¿y de quién es la culpa si los antigí¼eños lo eligieron?…»

Héctor Luna Troccoli

Magní­fica observación que debe ampliarse a todos los ámbitos de la vida nacional para aquellos que son «electos» por medio del voto popular.

Brevemente diré que en el caso del alcalde de la ciudad donde nací­, en lo personal no voté ni por él ni por ningún otro, porque es el caso que desde hace más de 40 años soy vecino de la capital y mi cédula es A-1, no B-2, pero por otra parte, el alcalde ganó por cerca de 300 votos a otra candidata, fuera del ausentismo que se da en todos lados y que existen otros contendientes que también sacan votos. Es decir, lo anterior nos demuestra lo que creo dijo Hobbes: «una democracia no es en realidad sino una aristocracia de oradores, interrumpida temporalmente por la monarquí­a de un solo orador».

Así­ nos pasa en Guatemala. En los últimos 25 años dominan el abstencionismo, la oratoria populista y un pueblo ingenuo, como en todas partes, en donde el que «tiene más saliva traga más pinol». Porque si a elecciones vamos, hay que darnos cuenta de los «personajes» que se eligen, desde presidentes hasta alcaldes y aunque no todos hayamos votado por quienes quedaron, pues tenemos que hacerle «yemas» ya que contrario al principio idealista que de la democracia tení­a Aristóteles, Burke dijo, por el contrario, que la democracia era la cosa más desvergonzada del mundo, en tanto como repiten todos los polí­ticos la democracia es imperfecta, pero es el mejor sistema que tenemos. ¡Puchicas!

Dejando a la Antigua y su alcalde por un lado. Este lector también dirá que porqué se critica a Colom si «nosotros» lo elegimos, o a Arzú o a las joyas de oro puro de los diputados. Y que le vamos a hacer si así­ es la democracia.

Y aunque elijamos a quien sea, al menos todo funcionario público puede y puede ser criticado en el ejercicio de sus funciones, como garantiza nuestra constitución y la ley de emisión del pensamiento entre otras.

Si yo critico a don ílvaro (cualquiera de los dos), tienen que aguantarse pues para eso se metieron a funcionarios públicos, con TODITITOS LOS PRIVILEGIOS QUE ELLO CONLLEVA. Si pusiéramos en una balanza los beneficios materiales y de otra í­ndole que el ser funcionario trae consigo y por el otro, las crí­ticas que se les hacen, estoy seguro que por mucho, pesan más los beneficios.

Ahora bien, en un supuesto Estado de Derecho, TODO tiene un lí­mite para respetar, precisamente, el derecho de los demás. Lo que hace falta es ejercer esa democracia y esa libertad en la medida necesaria, pero tampoco puede permitirse que una persona, por muy presidente que sea, trate de estúpidos a los demás; ni que un alcalde imponga su «santa ley» o que otro le suene el moco a un sindicalista que reclama, o que un diputado (o varios) se hueveen 82 millones de quetzales, o que cantidad de ex funcionarios salgan libres, felices y contentos después de haberse llevado a lugar seguro el pisto de los impuestos, etcétera, etcétera…

Los medios de comunicación tienen un papel fiscalizador, pero no pueden abusar de su poder como lo han hecho muchos durante mucho tiempo (yo lo sufrí­ en carne propia), por lo que la razón, la inteligencia y la serenidad de quienes dirigen esos medios debe sobreponerse al disgusto que nos pueda causar tal o cual persona, al extremo de lincharla públicamente como ocurre, literalmente, hoy en dí­a, en casi cada pueblo del paí­s.

Todo es cuestión de equilibrio y ecuanimidad. Pulitzer, el maestro del periodismo decí­a más o menos que si uno poseí­a un arma importante (la prensa), no era para asesinar a la persona, sino para coercitivamente, incluso, y dependiendo de la gravedad de su proceder «invitarlo» a seguir por el camino correcto.

Y para terminar me robo una frase de James Lowel que tengo en mi estudio: «La democracia le da a cada hombre el derecho de ser su propio opresor»…