Y dale con los impuestos al consumo


Los impuestos indirectos que se cargan al consumo son la maravilla para los burócratas porque generan de inmediato y su cobro es relativamente fácil. El IVA es el más importante y destacado de esos tributos, pero existen otros como el que se carga a la gasolina, que pagamos los consumidores pero recolectan las petroleras, que generan buenos ingresos en forma realmente sencilla. Con esa idea, los técnicos que están ideando cómo sacar al paí­s del atolladero fiscal provocado por una crisis que no vieron venir, han dispuesto plantear un impuesto a la telefoní­a que implicarí­a un cargo por minuto a los usuarios en monto aún por definir de acuerdo a las necesidades del fisco.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

En realidad formas de prensar a la población hay muchas y la de la telefoní­a puede considerarse como una de tantas, aunque el atractivo enorme es que se trata de un servicio ampliamente extendido entre la población y que facilitarí­a muchí­simo la recaudación que podrí­a considerarse como automática. Obviamente los técnicos no se iban a poner a pensar, ni por asomo, en determinar los niveles de utilidad de las telefónicas y proponer que, de acuerdo a aquellas viejas y trasnochadas ideas de justicia tributaria, pagara más quien más gana. Lo importante es entrarle de lleno al cobro rápidamente y no molestar a quienes puede convertirse en cobradores.

Tampoco se van a meter en absoluto con las empresas esas que siguen baboseando a la gente de la manera más burda. Indigna, por ejemplo, oí­r un anuncio en el que un pobre idiota pregunta algo así­ como, «Dí­game inge, qué le deja la minerí­a al paí­s» y el tal «inge» se despacha con una letaní­a de beneficios que hasta ganas dan de irles a dar las gracias a esos inversionistas que son ahora el motor del desarrollo, el cambio y hasta de la seguridad de Guatemala. Porque a la minerí­a tampoco le van a cargar la mano con una propuesta para que al menos paguen impuestos mí­nimamente justos en comparación con lo que se están hartando ellos y esos «inges» que babosean al pueblo.

Por eso cuando nos hablan de que se trata de un gobierno socialdemócrata no puede dejar de dar risa la apelación porque las prácticas son exactamente de lo contrario. Cualquier socialdemócrata auténtico estarí­a pensando en una reforma fiscal que eleve los ingresos para aportar recursos que permitan desarrollo y mejores oportunidades para todos los guatemaltecos, pero sin seguir apretando el pescuezo a los mismos que son los que ya contribuyen con casi todo el peso de la carga fiscal.

Seguir recurriendo a los impuestos indirectos es propio de mentalidades que no tienen la menor noción de lo que significa el sentido de la justicia tributaria. Que pague el consumidor cada vez que se gasta un centavo para adquirir bienes de consumo básico o servicios esenciales, mientras que los que tienen enormes utilidades y grandes capitales no tienen que preocuparse por tributar de conformidad con sus capacidades. Aquella idea de que según el sapo debe ser la pedrada quedó enterrada bajo la marabunta del neoliberalismo que sigue considerando como un despojo a los impuestos que se aplican a los que más tienen, pero que ven bien cualquier tributo que se aplique al consumidor, al que tiene menos porque ello los convierte en simples recaudadores en lugar de verdaderos contribuyentes.