í‰xodo anual


Semana Santa, Patrimonio Cultural Intangible de la Nación, está a las puertas. Sean como sean las condiciones económicas imperantes, la población en alto porcentaje invade las playas y balnearios. Influye bastante el hecho que representa el asueto más prologado del año, motivo para realizar un marcado borrón del estrés.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Que sea una costumbre más o menos reciente; o acaso mera copia de otras culturas, gana terreno año tras año. El efecto distrae la rutina diaria, según opinión y criterio vertido en diversas direcciones. Existe también cierto manipuleo por intereses fuertes, al igual que presiones e influjos a la orden del dí­a, visto está.

Conforma, asimismo, tal comportamiento masivo uno de los lados visibles de la medalla. A punto de redundar en el aspecto llamado de jolgorio, animación y vivir el momento, equivalente al mundanal ruido. Sin obviar por supuesto tanto inconveniente inscrito en accidentes, pérdida de vidas humanas, falta de privacidad en gran medida.

Detrás de este panorama coherente con la época seca en el paí­s, hay situaciones propias de su generación acelerada. Mucho tiene que ver el bombardeo publicitario; además el sinnúmero e ofertas de empresarios y comerciantes; empero responde a decisiones personales, en alianza con el cí­rculo familiar deseosos de aprovechar el descanso.

Al final de cuentas al accionar y ostensible posicionamiento de la época veraniega, constituye sin excepciones discriminatorias, tampoco clasistas, una dosis palpable de historia. Signos sociológicos definidos, además de antropológicos, amén de sicológicos se aúnan en forma coordinada en búsqueda del derecho humano de la recreación.

En otro orden de ideas eso mismo da vigor y mantenimiento a la demostración concreta de contraste con rumbo a desterrar el masoquismo y cierto sadismo, responsables de conductas irregulares. En nuestro territorio salen a luz comportamiento conductuales opuestos, al rito de disfrutar a montones, inclusive en similar o superior condición de posibilidades.

Cuando tocamos, quizás en volandas, nada más una aproximación al tema por demás complicado, es algo ineludible e importante referirnos al otro lado de la medalla. La arista religiosa que se adueña en términos de éxodo anual también de la de la devoción masiva. Razón de peso para centrarse en la denominación de merecer en todo sentido el caso de Semana Santa.

Una conmemoración acorde de ser la celebración, mejor dicho solemnidad que responde por completo al Patrimonio Cultural Intangible de la Nación. La sumatoria de artistas arrojan calificativos totalmente definidos. La población se vuelca en í­ndices probatorios y devotos en participar, a la vez en admirar los eventos propicios para meditar en la Pasión del Redentor.

Las imágenes portadas en hombros de fieles cargadores pertenecientes a hermandades centenarias son auténticas obras de arte escultórico, que datan desde la época hispánica. Admiración plegarias y actitudes peniténciales cobran vigencia durante los famosos cortejos procesionales. Las maravillosas alfombras es de destacar, aunque efí­meras.

El arte culinario goza de preponderancia en ocasión de la Semana Santa en la capital, ciudades importantes y poblados en general. Son platillos heredados de varias generaciones que elaboran las delicias y satisfactores de la gastronomí­a rediviva. Historiar estos afanes en beneficio del costumbrismo con hechos, vale la pena.

Tampoco puede quedar en el olvido el ingrediente que conforma la vida del paí­s. A tiempo de aludir a infinidad de leyendas, pasajes, fruto de la riqueza del imaginario colectivo. De consiguiente la semana Mayor aporta motivos coyunturales, dignos de conservar y justipreciar en la formación de las nuevas generaciones.