Una maravillosa plegaria musical obsequió la noche del 2 de junio de 2009, la Orquesta Sinfónica y Coro de «Notre Dame» de Estados Unidos, en la Catedral Metropolitana del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala. Se presentó gracias a la Asociación de ex alumnos de Notre Dame en Guatemala, con el apoyo de varias entidades patrocinadoras y especialmente con el soporte de la Fundación G&T Continental, dirigida actualmente por la dinámica Flor de María Orellana de Obregón. Antes de principiar el concierto, Antonio Minondo, representante de la Asociación de ex alumnos de Notre Dame, agradeció emotivamente a Monseñor Rodolfo Cardenal Quezada Toruño, principal autoridad de la Iglesia Católica de Guatemala, su aprobación para que se presentara en la Catedral este lucido evento. Dijo que la Asociación se sentía muy satisfecha de haber podido realizar las actividades de la orquesta y el coro, a pesar de los percances que han afectado la situación actual de Guatemala y del mundo. Agregó que el domingo 31 de mayo participaron durante la entrega y bendición de la iglesia que construye la Asociación de ex alumnos de Notre Dame en la Aldea Chimachoy, San Andrés Iztapa; la misa fue presidida por Monseñor Gonzalo de Villa, Obispo de Sololá-Chimaltenango. Antonio Minondo cerró su informe con las siguientes palabras: «La participación de tantos guatemaltecos en estos eventos es el más grande agradecimiento que podemos dar a estos mensajeros de buena voluntad que hoy nos acompañan». Para mí fue muy emocionante observar las naves de la Catedral Metropolitana, colmadas de personas deseosas de escuchar el programa musical de esa noche. El cotidiano silencio del templo, callado y discreto, íntegro e impoluto, se convirtió de repente en eufonía, con ráfagas continuas de sonido iridiscente. Oraciones dóciles, suaves y sensibles, así como armoniosas melodías, sonoras y retumbantes, acrecentaban sus notas hacia la bóveda celeste, desde la batuta de Daniel Stowe, director de la Orquesta y Coro de Notre Dame, que logró nutridos aplausos. El concierto dio inicio con la Obertura para «Ruslan y Ludmila» de la ópera de Mijaíl Glinka. La ejecución de la orquesta en esta pieza fue intensa, desbordante de emoción, ritmo y calidez, que caracteriza el preludio de esta magnífica obra, pues transmitió al público presente fuerza, brío, ánimo y energía constantes, en descripción musical de la grandiosidad de las bodas de Ruslan y Ludmila, momentos antes de suceder el famoso rapto de ésta. Del genial y apasionado compositor alemán Ludwig van Beethoven, ejecutaron el tercer movimiento del Concierto para Violín Opus 61; el solo estuvo a cargo de la violinista Audrey Marier, quien realizó una interpretación susceptible y perceptiva, seguida del ensamble de músicos. La actuación del coro, conformado por jóvenes caballeros, fue afinada y perfecta. Dentro de las obras que entonaron acompañados de la orquesta fue sobresaliente «Dies irae», el tercer movimiento del «Réquiem en Re menor» del compositor italiano Luigi Cherubini. Por otra parte, de las piezas que interpretaron «A capella», se distinguió el «Blues» titulado «Swing down chariot» con el solista Hal Melia, quien consiguió comunicar a los presentes en el colosal recinto, el sentimiento triste y melancólico, doliente y solitario de los cantos tradicionales y espirituales. Concluyó el concierto con la «Marcha triunfal de Notre Dame», himno de la Universidad de Notre Dame. Esta casa de estudios está situada en la Ciudad de Indiana, Chicago. Según cuenta la historia fue fundada una fría tarde del 26 de noviembre de 1842, por el sacerdote católico Edward F. Sorin de la Congregación de la Santa Cruz, orden misionera francesa.