El centrocampista catalán completó una actuación de ensueño en el Santiago Bernabéu. Además de marcar un gol decisivo como ya hizo en la temporada 2003-2004, fue el encargado de que el conjunto azulgrana viera la luz al final del túnel y de liderar la victoria del Barcelona.
Tras llegar la expedición azulgrana a los aledaños del Santiago Bernabéu, algunos jugadores decidieron pasar antes por el terreno de juego antes que por los vestuarios para asegurarse del buen estado del césped y para admirar un histórico estadio que apenas hora y media después se convertiría en una olla a presión y en un escenario muy hostil. Xavi fue uno de ellos. El centrocampista catalán, sin embargo, estaba radiante de felicidad.
Se reía y bromeaba con sus compañeros en los pocos minutos en los que pudo estar sobre el terreno de juego sin que nadie les pitara ni les criticara. Quizás había intuido que su partido número 600 como futbolista del Barcelona sería un encuentro especial, una noche mágica. Y no fue para menos, ya que pese a recibir un gol apenas medio minuto después de haberse iniciado el choque, Xavi no se puso nervioso. El canterano incluso parecía agradecer el tanto, pues le quitaba toda la presión acumulada.
Y como ya es habitual, fue el propio centrocampista el que animó a sus compañeros a salir de ese embrollo. Adoptó el rol de líder y cogió su batuta para dirigir el ritmo de la medula azulgrana. Apenas necesitó unos minutos para que sus compañeros siguieran sus indicaciones y tocaran el balón acompasados. A medida que iban pasando los minutos la posesión del Barcelona aumentaba, y ello era gracias al tempo que marcaba el de Terrassa.
Tras tanta circulación de balón, llegaría el gol del empate, obra de Alexis. Fue Messi el que resolvió una gran jugada y el que asistió al chileno, pero no sin antes haber pasado el esférico por las botas de Xavi. Sin embargo, pese a la importancia de este primer gol, el punto de inflexión lo marcaría el segundo tanto, obra del tercer nominado en discordia para alzarse con el Balón de Oro.
Una jugada cerca del borde del área entre Iniesta, Alexis y Cesc al primer toque acabó con un despeje de Coentrao necesario para que el de Arenys no se quedara solo frente a Casillas pero que no fue del todo contundente. El balón se alejaba bombeada del área del meta mostoleño, pero ahí estaba el ‘6’ culé para rematar con una gran plasticidad ese rechace. La bolea iba muy centrada y el arquero blanco empezó a desplazarse para atajarlo.
Sin embargo, Marcelo quiso ahorrarle el trabajo e intentó interponerse en el remate, con la mala fortuna de que el rebote desvió la trayectoria que le había dado Xavi. El esférico se dirigía peligrosamente hacia la portería. Casillas intentó llegar por todos los medios, pero el balón entró llorando tras tocar el en palo suavemente. Era el minuto 52 y el centrocampista había adelantado a los suyos, quizás con suerte, pero con la misma efectividad o incluso mayor que cualquier otro tanto.
De hecho, supuso un duro mazazo para los de Mourinho, que impotentes tras la remontada intentaron empatar, aunque siempre enviando sus disparos lejos de los tres palos defendidos por Valdés. De hecho, Cristiano pudo empatar con un cabezazo potentísimo, pero la falta de confianza y el exceso de protagonismo le jugó una mala pasada. Tras el gol del de Terrassa llegaría el de Cesc, en el que Xavi no pidió el balón cuando Iniesta lo subía para no entorpecer el ritmo de la jugada. Pareció tener una visión, ya que el balón cayó en la banda, Alves lo centró y e ‘l4’ lo envió al fondo de las mallas.
Y tras marcar, darle fluidez al juego azulgrana y haber dirigido la orquestra en los momentos más difíciles, Xavi durmió el balón en sus botas para asegurar el 1-3 definitivo. Sin duda fue uno de los protagonistas de la noche, ya no sólo por el tanto que permitía soñar a los azulgrana con sumar una victoria más en el Santiago Bernabéu, sino por la entereza que demostró a lo largo de los 90 minutos al no desfallecer y al buscar reiteradamente a sus compañeros para remontar un partido que se presumía especial para él.
Xavi cumplió su partido número 600 como barcelonista frente al eterno rival y sumó a su vez su tanto número 64 con la elástica culé. No se trata de un jugador tan espectacular como Cristiano Ronaldo o Messi, pero sin duda es el corazón del Barcelona, el que bombea la sangre a todos y cada uno de los puntos de la entidad culé e incluso también de la selección española. Sigue sumando récords el mejor centrocampista del mundo, que incluso debería hacerse con el Balón de Oro este año por su necesaria presencia sobre el césped para que fluya el juego, por su trayectoria y por encima de todo, por representar y dar vida al mejor fútbol del momento, el español.