Wall Street no reacciona


Pese a la aprobación del más costoso plan de salvamento financiero de la historia, Wall Street y las bolsas de valores de todo el mundo no reaccionan positivamente y en el enorme sube y baja que vienen mostrando en las últimas tres semanas, hoy se está viviendo otra jornada de pánico porque a media mañana el í­ndice para empresas industriales Dow Jones, considerado como el mejor indicador del ritmo de las acciones en la bolsa, habí­a bajado más de cuatrocientos puntos, llevando el promedio a menos de diez mil puntos, su valor más bajo de los últimos cuatro años.


El problema principal de la reacción al plan del gobierno y del Congreso es que no generó confianza en los agentes económicos y eso es crí­tico porque sus reacciones han sido distintas a lo que esperaba el Secretario del Tesoro y lo que la Casa Blanca se propuso cuando ofreció inyectar 700 mil millones de dólares para compensar la crisis en el sistema de créditos del paí­s.

La reducción del consumo es posiblemente ahora el factor que más se empieza a sentir y ello tiene no sólo como causa la inflación y la disminución de empleos que ha alcanzado cifras extraordinarias, sino que fundamentalmente la pérdida de confianza de la población en el futuro económico. Y cuando el consumo baja, el valor de todas las acciones tiende a disminuir y las inversiones también se reducen lo que produce un notable enfriamiento de la economí­a, problema que es capaz de generar otras complicaciones que se irán viendo en los próximos dí­as.

Lo esencial del plan de rescate propuesto por la Casa Blanca y el Tesoro era devolver a la población confianza para que se pudiera mantener un ritmo de consumo que minimizara el impacto de la recesión, pero obviamente las condiciones no se han dado para lograrlo y, lejos de ello, el mensaje que enví­a Wall Street a lo que los norteamericanos llaman Main Street, es decir a la calle de la gente común, es devastador y profundamente pesimista, lo que indican que no se ha llegado aún al fondo del agujero y que todaví­a falta mucho por ver.

Insistimos en que se viene la crisis del crédito personal, el de las tarjetas de crédito, que en esta época de vacas flacas han jugado el papel del plástico que aguanta con todo, pero a la hora del cobro vendrá la gran crujida que afectará muchos más de los que han sido dañados por la crisis del mercado inmobiliario y de hipotecas. Al menos ahora nuestras autoridades ya reconocen que no estamos blindados y que nadie es inmune al coletazo.