Vuelve a la actualidad la pena de muerte


Marco Tulio Trejo Paiz

La criminalidad se nos presenta al rojo vivo en la hora dramática que vivimos los guatemaltecos.

No hay dí­a de Dios o del diablo que no nos sorprenda con noticias de crí­menes horrendos, de lesa humanidad.

Es una situación de espanto, horrorizante, la que se ha producido por todos lados, sin que haya confianza o certitud y esperanzas de que cambie ese penoso estado de cosas que nos mantiene en constante zozobra, al punto que la inseguridad ronda a toda hora en las calles, en los caminos, en los centros de trabajo y en los hogares.

Es así­ como hay un clamor, virtualmente generalizado, por que cobre vigencia sin tantos cabildeos, sin tanto bla, bla, blá, la pena de muerte.

El «qualunque» está alarmado y muy indignado por las rachas de barbarie de los individuos que andan de tumbo en tumbo, por aquí­ y por allá, incluso en las barbas de las autoridades, contra hombres, mujeres y niños inocentes.

Y lo peor es que la justicia anda volando bajo y con ella los derechos humanos en los que casi nadie está creyendo, a no ser en sentido negativo por existir la creencia, muy arraigada, de que esos derechos pecan de inhumanos por defender a los subhumanos que vienen provocando terror, luto, lágrimas, dolor, tragedia, en el seno de infinidad de familias, a ciencia y paciencia de un gobierno que vive descuidando el deber y la obligación de imperativo legal y constitucional.

El asesinato de la niña de 6 años Evelyn Karina Isidro Velásquez, que fue secuestrada, ultrajada y decapitada, ha suscitado todo un oleaje de indignada protesta en el seno de la sociedad, de la que se están haciendo escuchar voces que demandan con urgencia la aplicación de la pena de muerte a las bestezuelas que perpetraron tan abominable hecho.

Gente del exterior repudia la imposición de la pena de muerte, quizá porque ignora las negras realidades de este suelo centroamericano y porque no habrá sufrido en carne propia los golpes de los bárbaros de estos tiempos borrascosos. Esa gente arguye y redarguye con atingencia a la pena capital como tirando de los cabellos los derechos humanos, pero a contrapelo de esos «humanistas» faroleros, la autoridad constituida debe responder a los animalizados o deshumanizados criminales como lo exigen las circunstancias y la gran mayorí­a de guatemaltecos que desea vivir con seguridad, sin sobresaltos y sin importarle ni un bledo la intromisión en nuestros asuntos de los mojigatos de intramuros y de extramuros.

La malahierba, venenosa, que no debió haber nacido, debe removerse de cuajo para bien de un pueblo digno de una vida mejor, sin peligrosas bestias y bestezuelas de dos extremidades que son incorregibles y que de ribete viven conspirando sangrientamente contra la sociedad y las instituciones del vulnerable sistema democrático.