Vuelta al origen


Ren-Arturo-Villegas-Lara

Es saludable releer un libro y repasar los subrayados, si se tiene esa manía. Cuenta Tito Monterroso que él decidió ya no releer más y se dedicó a leer autores y libros nuevos. En esa tarea fue dándose cuenta que lo de hoy arranca en lo de ayer y sin sentirlo se encontró de nuevo con el Eclesiastés. Y es que la Biblia es origen de infinidad de cosas.

René Arturo Villegas Lara


Este descubrimiento de que lo nuevo no es más que lo viejo con nuevo ropaje, ya lo había leído en un autor alemán, de Filosofía, al decir que los viejos temas filosóficos son los mismos que siguen preocupando en la actualidad, desde distinta perspectiva, aunque esencialmente siguen siendo idénticos, con el mismo origen. De repente usted se encuentra con Aristóteles, con Platón, con Solón, con Kant, con Hegel o con La Biblia, en el Antiguo o el Nuevo Testamento, y constata que el pensamiento es una «continuidad permanente».

Un tema traído y llevado en la filosofía jurídica es el del positivismo jurídico, a veces criticado con exceso de ignorancia. Este positivismo afirma que sólo existe como derecho lo que está en las leyes. Pero, ¿Bastará esa afirmación o existe algo fuera de la ley para juzgar la conducta humana? ¿Cómo recurrir a la naturaleza de las cosas? Y aquí viene la vuelta al origen, no al Eclesiastés, que forma parte del Antiguo Testamento, sino al Nuevo Testamento. En el evangelio leído un domingo anterior a la Semana Santa, se trató el tema de la mujer adúltera, que por muchos años fue autora de esa figura delictiva que cometían las mujeres, hasta que por fin y con abundantes razones fue eliminada de la ley penal, al menos en Guatemala. Pues bien, según el evangelio a que refiero, quienes rodean a Jesús le dicen que la mujer que se le ha acercado debe ser lapidada, matarla a pedradas, porque ha incurrido en adulterio y ese es el castigo que manda la ley de Moisés. Jesús, ni siquiera levanta la vista al escuchar el razonamiento de los que piden el castigo y se dedica a trazar líneas en un suelo polvoriento de tierra suelta. Cuando por fin les responde, les dice que quien esté libre de pecado o culpa que tire la primera piedra. Nadie lo hace porque todos son pecadores. Y entonces, lo que ordena la rigurosa ley de Moisés, advierte Jesús, no se debe llevar a cabo. Y es que cuando Moisés dictó esa ley, no se había considerado que la aplicación de ese castigo podía ser cuestionado en razón de la moralidad de los ejecutores que lanzarían las piedras. Y es que habían pasado tantos años desde que se dictó esa ley, que ahora su interpretación tenía que reconsiderarse por nuevas realidades, nuevas concepciones del mundo y de la vida. Y lo que enseña la argumentación y la actitud de Jesús, es que las leyes no están escritas en piedra y deben interpretarse y aplicarse según las condiciones cambiantes de la vida social, sin apartarse de la seguridad jurídica que todos debiéramos tener como parte del sentimiento jurídico, respetando el contenido de las leyes, pero sin olvidar el consejo del gran procesalista italiano, me refiero Carnelutti, cuando decía que las aplicación de las penas debe acompañarse una gran dosis de humanidad, porque de lo contrario se cae en un acto de venganza, cuando no de arbitrariedad. En la lectura de este evangelio hay un señalamiento crítico al positivismo jurídico, pero no destructivo, porque lo quieran o no los que abominan del valor de la ley, no puede desconocerse que las leyes escritas y su correcta interpretación y aplicación, han contribuido a darle solidez al principio de la segundad jurídica, sin necesidad de pensar en ortodoxias que uniforman el pensamiento. A eso es a lo que nos invita la reflexión de Jesús. Y para quienes hemos hecho de la docencia nuestra labor principal, encontramos que hay muchas expresiones en las religiones, en la cultura, en historia, que sirven para motivas una clase. Así, un maestro que enseñe filosofía jurídica puede utilizarlo para desarrollar pensamiento crítico. Así, una pintura, como La Academia de Platón, en donde Rafael pintó a Platón viendo para arriba y a Aristóteles para abajo, sirve para plantear la discusión entre el idealismo y el realismo; o las instrucciones que El Quijote le da a Sancho para el gobierno de la ínsula, es una motivación para la enseñanza de la ciencia política. En todo caso, como dice Tito Monterroso, siempre se vuelve a los orígenes. Por eso, el evangelio de la mujer adúltera nos hace volver a los orígenes, sobre todo en el tiempo de hoy, tan lleno de retorcimientos de la ley y de la ciencia jurídica, para satisfacer los intereses personales…