Cuando usted me haga la campaña de leer las líneas de estos pretendidos comentarios, siempre que lo haga la tarde o la noche de hoy sábado, quedarán pocas horas para que se instalen las juntas receptoras de votos, a fin de que los ciudadanos depositen sus sufragios, esperanzados de que ¡ahora sí! cambiará el destino de Guatemala. Votarán, pero no elegirán, insisto. Me refiero a la mayoría.
Al contrario de muchos colegas columnistas, dirigentes religiosos, analistas políticos, académicos y hasta funcionarios públicos, yo no voy a cometer el abuso de aconsejarle a usted que medite, reflexione, piense, razone, examine su conciencia y la trayectoria y los discursos de los candidatos presidenciales antes de colocar las respectivas boletas adentro de las urnas, porque es su decisión personal.
A estas alturas, son poquísimas las personas que no han tomado su determinación, incluyendo a quienes ni se asomarán a las juntas receptoras de votos, en vista de que no simpatizan con ninguno de los candidatos presidenciales, a la vez que hay otro grueso sector de guatemaltecos/as que no les importa quién será el sucesor de don í“scar Berger; pero que sí tienen especial dedicación en lo que atañe a la elección del alcalde de su municipio, y como seguramente asistirán a votar por su candidato, aprovecharán la ocasión para anular su voto para presidente o depositarán la boleta en blanco.
Hay otros electores que, ajenos a simpatías presidenciales y desinteresados por la persona que gobierne su municipio durante los próximos cuatro años, sí consideran importante la conformación de la futura legislatura, de suerte que también formarán filas y rigurosamente acatarán el orden, para votar por los candidatos a diputados que son sus favoritos y quizá aprovechen para votar por el candidato presidencial menos odioso para ellos.
En el caso de los parlamentarios, se presenta un serio problema para los que son meticulosos, susceptibles o simplemente muy responsables cuando toman esta clase de decisiones, especialmente si temen que entre los diputados al Congreso del cuatrienio que se avecina, se cuele más de algún narcotraficante, corrupto, ratero o infiel, maritalmente hablando, entre los 158 futuros congresistas.
Le voy a citar un ejemplo. Son 31 los integrantes del listado nacional para diputados al Congreso por cada partido político. Probablemente el que encabeza esa nómina del partido que usted apoya, y los tres o cuatro que le siguen, ostentan alguna trayectoria relativamente significativa; pero entre los restantes hay uno o algunos que tienen la cola machucada y que casualmente son sus vecinos o conocidos y, por lo tanto, usted les conoce todas sus mañas. ¿Qué hará al respecto si en los otros listados nacionales también ocurre similar fenómeno de incluir gente honrada con una partida de sinvergí¼enzas? O si en la cola de los candidatos del listado nacional usted mete las manos al fuego por dos o tres candidatos de probada honestidad, pero los primeros o los de en medio no dejan santo parado.
Algo similar ocurre con los candidatos a diputados distritales. Sólo en los municipios del departamento de Guatemala, excepto donde se asienta la capital de la República, son 19 las diputaciones en juego, es decir, cada organización política presenta 19 candidatos, multiplicados por 15, incluyendo al partido que no postuló candidato presidencial, se llega a la conclusión que son 285 los aspirantes a legisladores.
En cada listado de 19 candidatos, usted, si es habitante de alguno de esos municipios, elegirá una nómina, e igualmente le ocurrirá a los ciudadanos/as de la capital, pues son 11 las diputaciones en juego, para un total aproximado de 165 pretendientes a convertirse en legisladores/as.
En cualquier listado, habrá candidatos honorables y capaces, pero también encontrará a vagos y corruptos conocidos, de manera que tiene ante sí un grave dilema que necesariamente deberá dilucidar cuando esté al frente de la urna.
Personalmente ya anuncié que mi favorito para alcalde de Mixco, de cuyo municipio soy vecino, es Amílcar Rivera, por razones que di a conocer, y entre los presidenciables me inclino por Miguel íngel Sandoval, de la alianza URNG/MAíZ, quien lleva como candidata vicepresidencial a la talentosa abogada Walda Barrios. Posiblemente será un voto emblemático, pero coherente con mis principios afines a los intereses de los más desposeídos. .
(El concejal Romualdo Kayejas, candidato por 3ª. vez a la alcaldía de su pueblo, se dirige a un grupo de vecinos:?En toda mi carrera política no me he robado un solo centavo. ¡Voten por mí para alcalde! ¡Denme una oportunidad!).