Votarán por Constitución que afianza poder de Correa


Unos ecuatorianos apoyan el

Los ecuatorianos votarán el domingo próximo un referendo constitucional que afianza el poder y allana la posible reelección del presidente Rafael Correa, quien por cuarta vez en dos años enfrenta las urnas favorecido por las encuestas y sin una oposición que le haga sombra.


La iniciativa de nueva Constitución, de 444 artí­culos, fue elaborada por una Asamblea de mayorí­a oficialista, elegida en las urnas, que, en caso de ser aprobada la consulta, asumirí­a la función legislativa mientras se celebran elecciones generales anticipadas en febrero de 2009.

De recibir la mitad más uno de los votos válidos, la Carta Polí­tica reemplazarí­a a la de 1998 y serí­a la vigésima de un paí­s afectado por una inestabilidad polí­tica que expulsó del poder a tres presidentes en la última década.

Con una popularidad que ronda un 70%, Correa da por aprobada su principal promesa de gobierno tras una intensa campaña en la que recorrió el paí­s, y ha sido acusado por la debilitada oposición de despilfarrar fondos públicos.

Amparado en altos precios del petróleo, el mandatario izquierdista intensificó en los últimos meses su polí­tica de asistencia y subsidios a los más pobres, lo que fue visto por sus adversarios como un exacerbado populismo.

Varias encuestas avizoran que la propuesta constitucional será aprobada con un 60% de los votos en promedio, aunque el gobierno estima que el apoyo podrí­a alcanzar hasta un 75%.

La Constitución prohí­be la presencia de tropas extranjeras, faculta al presidente a regular y planificar la economí­a y a buscar la reelección inmediata (con lo que Correa, según sus cálculos, podrí­a quedarse en el poder hasta 2017), y sentar las bases del llamado socialismo del siglo XXI.

Dicha tendencia agrupa las izquierdas de diferente cuño que gobiernan Venezuela, Bolivia y Ecuador, y pese a las marcadas diferencias los mandatarios la presentan como el conjuro contra el neoliberalismo, que a juicio de ellos aumentó, mediante las privatizaciones, la exclusión, la pobreza y la desigualdad.

El presidente ecuatoriano aspira igualmente a que las reformas devuelvan la estabilidad al paí­s, ya que incorporan el sistema de «muerte cruzada», que le permite a los poderes Ejecutivo y Legislativo destituirse bajo la condición de anticipar elecciones.

Por su parte, los analistas creen que más que por la Constitución los electores votarán a favor y en contra de Correa, principal impulsor de la propuesta y quien de salir victorioso acumularí­a el cuarto triunfo electoral en lí­nea tras su elección en noviembre de 2006.

La oposición lucha a contracorriente para evitar la aprobación de un proyecto que juzga a la medida del jefe de Estado, y que según sus crí­ticas concentra el poder, amenaza la propiedad privada y es favorable al aborto, el consumo de drogas y al matrimonio entre homosexuales.

Aun cuando ninguno de esos puntos aparece explí­cito, la Iglesia Católica irrumpió en esta coyuntura para advertir a sus fieles sobre los riesgos de que muchos de sus tabú sean legalizados, en una posición que Correa -un profeso católico de izquierda- tachó de traición.

Los obispos parecieron entonces ser los únicos adversarios fuertes de Correa, pero conforme avanzó la campaña y la oposición perdió influencia, la Iglesia se replegó mientras recibí­a los mordaces comentarios de Correa, quien centró su campaña en contradecir las interpretaciones del clero.