El Ministerio de Educación siempre se ha visto en aprietos económicos para mantener en buen estado los edificios escolares públicos, pues su presupuesto no es lo suficiente que debiera ser. En Butaca remota hice referencia sobre la existencia de una Dirección General que tenía a su cargo la reparación de edificios escolares, trabajaba algo así como dependencia de la en ese entonces Dirección General de Obras Públicas, situada en la 10ª. calle entre 9ª. y 10a. avenidas, hoy Centro Histórico, dependencias éstas que cumplían finalidades específicas, pero que sucumbieron ante la ola de «modernización», para mejorar, dijeron, pero esa mejoría no se ve por ninguna parte.
En esos ya antañones días, había dos loterías, la Nacional cuyos fondos servían para el sostenimiento del Hospicio Nacional que era regentado por las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, situado en la manzana comprendida entre la 4ª. y 5ª. avenidas y 15 y 16 calles, hoy zona 1. Este Hospicio daba cabida a jóvenes, de uno y otro sexo, que por circunstancias especiales quedaban huérfanos o que perdían su hogar y que pudieron haber constituido lo que hoy se denomina «niños de la calle», allí los educaban y los orientaban para llegar a ser gente de bien, aprendían oficios diversos tanto para hombres como para mujeres con los cuales se abrieran un destino seguro cuando adultos.
Por aparte estaba la Lotería Chica Pro Alfabetización, que entre sus funciones le correspondía aportar fondos para reparación de edificios escolares públicos, como dejo dicho. Esta función no estaba centrada solo en la ciudad capital pues se extendía a toda la república.
Había otro cobro llamado Operación Escuela, que correspondía al pago de setenta y cinco quetzales por la inscripción del alumno, una vez al año, pero presentaba la dificultad de que si la mamá inscribía más de un hijo le subía la cuenta y ya no podía inscribir a los otros, se iniciaron pláticas para que el pago no fuera por cada hijo sino por mamá, pero se terminó. Ese dinero servía para la compra de insumos escolares y reparaciones menores.
Es recomendable que las nuevas autoridades de Educación, que ya están en funciones, hagan un estudio de esta Lotería Chica, o como quieran nombrarla «modernizándola», pues no tiene que estar en el presupuesto ministerial ya que se sostiene por sí sola, teniendo cuidado de nombrar a las personas que se hagan cargo de ella, no solo conocedoras de lo que es una Lotería de esa magnitud, sino de su honradez, aparte de los controles respectivos periódicos.
Lo que sucede es que se entró a modernizar muchas cosas copiando modelos foráneos sin pensar que aquí aun no estamos preparados para esos cambios, y que hay que aplicarlos poquito a poco para que ese calzado no llene de callos los pies. En los países desarrollados sí funcionan pues nos llevan muchos años de adelanto.
El asunto es que el problema está latente, que lleva muchos años sin resolverse y que la población escolar primaria cada día aumenta en altas proporciones, por lo que urge aplicarle una solución a la brevedad, y si hay voluntad política se puede solucionar incluso haciendo aplicación del dicho aquel: más vale lo viejo conocido, que lo nuevo por conocer.