Volver a la Loterí­a Chica Pro Alfabetización


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El Ministerio de Educación siempre se ha visto en aprietos económicos para mantener en buen estado los edificios escolares públicos, pues su presupuesto no es lo suficiente que debiera ser. En Butaca remota hice referencia sobre la existencia de una Dirección General que tení­a a su cargo la reparación de edificios escolares, trabajaba algo así­ como dependencia de la en ese entonces Dirección General de Obras Públicas, situada en la 10ª. calle entre 9ª. y 10a. avenidas, hoy Centro Histórico, dependencias éstas que cumplí­an finalidades especí­ficas, pero que sucumbieron ante la ola de «modernización», para mejorar, dijeron, pero esa mejorí­a no se ve por ninguna parte.

José Antonio Garcí­a Urrea

 


En esos ya antañones dí­as, habí­a dos loterí­as, la Nacional cuyos fondos serví­an para el sostenimiento del Hospicio Nacional que era regentado por las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, situado en la manzana comprendida entre la 4ª. y 5ª. avenidas y 15 y 16 calles, hoy zona 1. Este Hospicio daba cabida a jóvenes, de uno y otro sexo, que por circunstancias especiales quedaban huérfanos o que perdí­an su hogar y que pudieron haber constituido lo que hoy se denomina «niños de la calle», allí­ los educaban y los orientaban para llegar a ser gente de bien, aprendí­an oficios diversos tanto para hombres como para mujeres con los cuales se abrieran un destino seguro cuando adultos.
Por aparte estaba la Loterí­a Chica Pro Alfabetización, que entre sus funciones le correspondí­a aportar fondos para reparación de edificios escolares públicos, como dejo dicho. Esta función no estaba centrada solo en la ciudad capital pues se extendí­a a toda la república.
Habí­a otro cobro llamado Operación Escuela, que correspondí­a al pago de setenta y cinco quetzales por la inscripción del alumno, una vez al año, pero presentaba la dificultad de que si la mamá inscribí­a más de un hijo le subí­a la cuenta y ya no podí­a inscribir a los otros, se iniciaron pláticas para que el pago no fuera por cada hijo sino por mamá, pero se terminó. Ese dinero serví­a para la compra de insumos escolares y reparaciones menores.
Es recomendable que las nuevas autoridades de Educación, que ya están en funciones, hagan un estudio de esta Loterí­a Chica, o como quieran nombrarla «modernizándola», pues no tiene que estar en el presupuesto ministerial ya que se sostiene por sí­ sola, teniendo cuidado de nombrar a las personas que se hagan cargo de ella, no solo conocedoras de lo que es una Loterí­a de esa magnitud, sino de su honradez, aparte de los controles respectivos periódicos.
Lo que sucede es que se entró a modernizar muchas cosas copiando modelos foráneos sin pensar que aquí­ aun no estamos preparados para esos cambios, y que hay que aplicarlos poquito a poco para que ese calzado no llene de callos los pies. En los paí­ses desarrollados sí­ funcionan pues nos llevan muchos años de adelanto.
El asunto es que el problema está latente, que lleva muchos años sin resolverse y que la población escolar primaria cada dí­a aumenta en altas proporciones, por lo que urge aplicarle una solución a la brevedad, y si hay voluntad polí­tica se puede solucionar incluso haciendo aplicación del dicho aquel: más vale lo viejo conocido, que lo nuevo por conocer.