Más de tres millones 500 mil ecuatorianos hicieron una nueva vida fuera de sus fronteras. La mayor cantidad de esa masa vive en los Estados Unidos y, al menos, un millón 200 mil trabaja en España y Europa.
eswinq@lahora.com.gt
Son toda una fuerza que, desde lejos, impulsa la economía de su país a través del envío de las remesas. Un gigante que poco a poco va abandonando el largo sueño al que fue sometido por gobiernos que utilizan la migración como un anzuelo proselitista.
Pero ya no. Al menos, con la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente que se celebrará en el país el 30 de septiembre próximo, los emigrantes tendrán seis plazas como asambleístas de los 130 que serán electos.
Son seis oportunidades para dejar plasmados los reclamos por sus derechos y contar con las mismas oportunidades democráticas que perdieron cuando fueron obligados a partir para una vida mejor. Es lo que les hacía falta. Recuperar su espacio, que ya había sido ganado con sudor y esfuerzo en subempleos en el primer mundo.
El otro día conocí a í“scar Imbaquingo, un ibarreño de 51 años que se perfila como candidato a la asamblea por Europa. Lleva cinco años viviendo en España y madurando una serie de ideas en beneficio de sus paisanos en el exterior.
Un hombre multifacético e idealista. Me hizo un dibujo general de sus propuestas y de su intención de abrir la brecha de participación democrática y activa de los emigrantes, de ese modo también dignificar, y sobretodo, reconocer su esfuerzo lejos de su país. Es decir, que la constitución reconozca su existencia y denominarlos como ellos piden: «la quinta región».
Las organizaciones de emigrantes no quieren perder ese espacio de decisión política y están peleando por copar los seis cupos de asambleístas previstos en el estatuto. Dos para Norteamérica, dos para Europa y dos para Latinoamérica.
Más allá de reformar la constitución, es meritoria la apertura democrática que se impulsa, que a pesar de las crispaciones políticas, representa un paso de reivindicación para el esfuerzo de quienes viven lejos de su país.
Los ecuatorianos podrán vivir en su país, fuera de él. Ojalá pudieran decir lo mismo los guatemaltecos que pasan por las mismas condiciones en el norte. Hacerlos sentir parte del desarrollo y devolverles algo de lo mucho que hacen con el simple hecho de buscar una vida mejor.