Visita a la cuna de Jesús


Belén, ciudad natal de Jesús, daba una imagen fantasmal hoy, con sus comercios cerrados y unos habitantes que poní­an tan mala cara como el cielo, pese a recibir la visita de uno de los dirigentes cristianos más devotos del planeta, George W. Bush.


Las fuerzas de seguridad palestinas y estadounidenses estaban en alerta máxima. Miles de hombres armados estaban apostados en la localidad a las puertas de Jerusalén, rodeada por la alta muralla de separación construida por Israel.

Varios francotiradores se habí­an encaramado al tejado de la basí­lica de la Natividad, en cuyo interior se recogió en oración el Presidente estadounidense.

El convoy presidencial cruzó a todo gas las calles desiertas tomadas por policí­as palestinos armados.

«Para aquellos de nosotros que practican la religión cristiana, no hay lugar más santo que aquél donde nació nuestro Salvador», afirmó Bush al salir de la Basí­lica, donde encendió unas velas.

Desde el alba se prohibió la circulación, incluso la peatonal, en esta ciudad, por donde pasaban en tromba los todoterrenos de la policí­a, la guardia presidencial y la seguridad preventiva, enseñando sus kalashnikovs.

«Viene él aquí­ y cierran todos los comercios. No nos dejan trabajar», protestó Alaa, de 26 años, dueña de un restaurante situado a dos pasos de la Natividad. Hoy por la mañana, la policí­a le obligó a echar la persiana de acero en previsión de la llegada de Bush.

«Esta visita no nos aportará nada y no modificará la situación entre israelí­es y palestinos. Bush viene aquí­ únicamente para obtener apoyo en caso de guerra contra Irán», conjeturó.

La plaza del Pesebre, frente a la basí­lica, también estaba solitaria. A los habitantes les resultaba imposible atisbar, aunque fuera de lejos, al presidente que llegaba desde Ramalá y que les prometió un acuerdo de paz para la creación de un Estado palestino antes de que termine su mandato, en enero de 2009.

Para los palestinos Bush es sinónimo de apoyo al Estado hebreo y de guerra en Irak. Aquí­ son pocos los que tienen fe en sus palabras.

Como hecho insólito, el alcalde de Belén, Victor Batarseh, no fue invitado a la ceremonia de acogida de Bush.

«No se me ha informado de nada. Sólo se me pidió que hiciera limpiar las calles, cosa que se hizo», dijo.

Alcalde de Belén desde mayo de 2005, Batarseh, un cristiano de 72 años, es miembro del Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP), que figura en la lista de organizaciones terroristas del departamento de Estado estadounidense.

Además llegó a su puesto con la ayuda de los concejales del movimiento islamista Hamas, otra organización terrorista para Washington.

En cambio los habitantes de la ciudad guardan un grato recuerdo de la visita de otro presidente estadounidense, la de Bill Clinton en 1998.

«Cuando Clinton vino, pasó tiempo con nosotros, comió aquí­», recuerda una anciana enfundada en un largo abrigo para resguardarse del frí­o.

Después de Belén, Bush continuará su andadura siguiendo lo pasos de Jesucristo, en quien dice inspirarse y que considera como uno de sus pensadores preferidos.

Mañana volará hacia el norte de Galilea, donde Jesús pronunció sus discursos más importantes. Visitará el monte de las Bienaventuranzas, donde se llevó a cabo el Sermón de la Montaña.