Es difícil aceptar, en la actualidad, que restringir vuelos de compañías aéreas pueda detener la amenaza del virus A H1N1. Los gobiernos que tomaron esa decisión -con relación al problema sanitario mexicano- continúan impulsando sistemas políticos desde una óptica local, sin considerar el efecto de la globalización (complejo sistema de interrelaciones que vinculan al mundo). Esta actitud la adoptaron -así dijeron- para proteger a su población. Este hecho no se puede objetar; sin embargo, resulta contradictorio pues no se tomaron iguales medidas con otros países donde se ha presentado el mismo problema. Tampoco han elaborado planes preventivos para sus sociedades con el objetivo de evitar cualquier infección.
México enfrentó el surgimiento del virus A H1N1 de múltiples maneras pero, en especial, con medidas de prevención donde los sectores de su población actuaron en forma coordinada, al extremo de permanecer en sus hogares durante varios días, acatando una disposición gubernamental la cual incluyó la suspensión de las principales actividades de la vida cotidiana. Se realizó en orden y hubo comprensión para aceptar lo acordado. Fue por el bien de todas y todos, a nivel nacional e internacional. Por esta razón, causa extrañeza la actitud de diferentes gobiernos de anular la relación con México prohibiendo el traslado, vía aérea, incluso de países que pregonan su experiencia en el área de salud o de naciones que hoy enfrentan problemas de epidemias que internamente no han podido controlar.
Los problemas modernos (seguridad, salud, y otros) no se resuelven esgrimiendo el concepto de territorialidad. La globalización rebasa fronteras con rapidez. Es necesaria la acción de solidaridad y unitaria. Nadie puede, en nuestra época, plantarse como paladín para enfrentar las amenazas del terrorismo o epidemias. Este aspecto significa incorporar una nueva racionalidad a los hechos sociales. Se deben superar las actitudes propias de la Edad Media, cuando hombres y mujeres -por ignorancia- cerraban las puertas de sus casas para que no entraran los males (virus) que aniquilaban a las poblaciones.
¿Cuál es la razón que plantean diversos gobiernos para justificar su decisión? El criterio de defender al pueblo se puede conjugar con una adecuada prevención de salud o es el temor a que la infección -se ha comprobado que no es catastrófica- se acompañe de malestar social y surjan brotes acelerados de inconformidad. ¿Tiene alguna validez el argumento de evitar el virus A H1N1 -regresando toneladas de alimentos donados por México cuando hombres y mujeres de una nación -entre las más pobres del mundo- padecen hambruna?
También se modificó la posición de algunos países europeos. Es difícil encontrar un comentarista o analista político de diferentes medios de comunicación que no ubique la decisión del presidente de un país de Europa de solicitar a la Unión Europea su aislamiento con México, porque esta nación no regresa -él lo ha exigido- a una ciudadana acusada de secuestradora, hecho comprobado por el poder judicial mexicano. En esta situación pueden localizarse dos aspectos: una incomprensión de las internacionales de amistad, o insensatez.
En el caso de algunas naciones de Asia, la conducta asumida por varios gobernantes ha sido de discriminación: personas de nacionalidad mexicana identificándose con su pasaporte, ha sido motivo suficiente para aislarlas -sin que tuvieran ningún síntoma- o colocarlas en cuarentena, aunque hubieran permanecido varias semanas fuera de su país. Es una acción que vulnera la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como las normas internacionales contra la discriminación. Mujeres, hombres, niñas y niños fueron vulnerados en su condición humana por gobiernos que actúan -dicen- en defensa de sus ciudadanas y ciudadanos, pero a ellas y ellos también se les niegan sus derechos fundamentales.
El traslado de información veraz y adoptar medidas reales de prevención es la respuesta adecuada para evitar cualquier enfermedad. La violencia social esgrimida sólo origina malestar. Ojalá lo comprendan y modifiquen su actitud los gobernantes de naciones cuya visión de la vida es la intolerancia.