La policía antimotines georgiana dispersó a miles de manifestantes hoy en Tiflis con gases lacrimógenos y cañones de agua, en el sexto día de una ola de protestas sin precedentes contra el presidente pro occidental Mijail Saakachvili.
Los manifestantes, que regresaron a la avenida Rustaveli, de la cual habían sido desalojados durante la mañana, primero fueron golpeados por las fuerzas del orden que utilizaron cachiporras, a lo que ellos respondieron lanzando piedras, botellas y palos.
Las unidades especiales, equipadas con máscaras de gas, recurrieron luego a los gases lacrimógenos y los cañones de agua. Los manifestantes escaparon, pero algunos de ellos volvieron a agruparse algo más lejos y continuaron enfrentando a las fuerzas del orden.
«Estos son fascistas, pero nosotros no nos detendremos. Volveremos esta noche. Volveremos mientras haga falta», declaró una manifestante, Nino Kurnauli, de 55 años.
Desde el viernes, los manifestantes protestan todos los días en las calles, bloqueando la avenida Rustaveli y la plaza ante el Parlamento para exigir la renuncia de Saakachvili, al que acusan de corrupción y de estar involucrado en asesinatos políticos, y piden la convocatoria de elecciones anticipadas.
En los últimos días eran entre 7.000 y 15.000 manifestantes. La mayor movilización fue observada el viernes pasado, con unos 50.000 manifestantes. Se trata de la mayor protesta popular en el país desde la Revolución de la Rosa, en noviembre de 2003, que llevó a Saakachvili al poder.
El primer ministro Zurab Nogaideli acusó a los manifestantes de alimentar la tensión. «Ellos querían bloquear la avenida Rustaveli, a pesar de que tenían lugar en la vereda. Algunos decidieron forzar los retenes y ocupar la avenida», sostuvo.
La oposición podrá «continuar sus acciones de protesta todo el tiempo que no tenga carpas y no bloqueará la circulación en las calles», declaró a la AFP el portavoz del ministerio del Interior, Chota Utiachvili.
Levan Gachecheladze, otro dirigente de la oposición, afirmó que las autoridades estaban mostrando «su verdadero rostro, el de las cachiporras y los gases lacrimógenos. Ellos utilizaron la fuerza contra personas pacíficas y pagarán por eso».
La presidenta del Parlamento, Nino Buryanadze, una aliada del jefe del Estado, pidió el diálogo.
«El país no necesita desorden ni inestabilidad. Nosotros debemos buscar el diálogo. Yo sugiero una reunión a partir de hoy», declaró al canal de televisión Rustavi-2.
Otro líder de la oposición, Giorgui Jaindrava, fue detenido brevemente por resistencia a las fuerzas del orden y negativa a someterse a un test antidroga, según la televisión georgiana.
Este movimiento de protesta fue provocado por el arresto el 27 de septiembre del ex ministro de Defensa, Irakli Okruachvili, por corrupción, blanqueo de dinero y abuso de poder, después de que éste acusara al presidente de haber ordenado el asesinato de personalidades.