La «transición» que desea el presidente norteamericano George W. Bush en Irak en 2008 corre numerosos riesgos a causa de la ofensiva militar contra Al Qaeda en el norte del país y las dificultades de instaurar una estabilización política.
Ayer, el mismo día en que Bush declaró durante su discurso ante el Congreso que preveía «duros combates» en Irak, cinco soldados estadounidenses murieron en la explosión de un artefacto explosivo en el norte del país, llevando el balance de las pérdidas militares norteamericanas en casi cinco años de ocupación muy cerca de la cifra simbólica de 4 mil muertos.
Hace varias semanas que las tropas norteamericanas y el ejército iraquí lanzaron una gran operación contra los partidarios de Al Qaeda en Irak, que se reagruparon en las regiones septentrionales después de haber sido expulsados de Bagdad y del oeste del país.
Pero una espectacular explosión, la semana pasada, que mató a por lo menos 60 personas en Mosul (a 370 km al norte de Bagdad), seguida del asesinato en esta misma ciudad del jefe de la policía de la provincia de Nínive, demostraron que los extremistas todavía pueden actuar.
«Nosotros hemos asestado fuertes golpes a nuestros enemigos en Irak», aseguró Bush, pero «todavía no los hemos vencido y debemos esperar duros combates».
Hoy, después de un largo período de tranquilidad en Bagdad, tres bombas y disparos de morteros dejaron al menos 23 heridos en los barrios céntricos y animados de la capital iraquí. Y en Mosul, un kamikaze hizo estallar su automóvil cerca de una patrulla norteamericana, hiriendo a diez civiles iraquíes.
Ante las amenazas de los grupos hostiles al gobierno de Bagdad (dominado por los chiítas) y la presencia norteamericana, los dirigentes militaers iraquíes reconocieron recientemente que todavía debían realizar progresos.
El ministro de Defensa, Abdel Kader Jassem Mohamed, reconoció que la seguridad de Mosul no estaba bien garantizada, y que las unidades desplegadas en esta ciudad considerada de ahora en adelante como «el centro de gravedad» de Al Qaeda en Irak, perdían el control cada anochecer, cuando volvían a sus campamentos.
Esta debilidad es inquietante, ya que la aptitud de las fuerzas iraquíes para garantizar la estabilidad fue presentada por Bush como la condición para programar una retirada estadounidense.
Unos 30 mil soldados, enviados como refuerzos a partir de febrero de 2007, deberían haber abandonado Irak a partir de julio de 2008, pero una nueva reducción del contingente norteamericano depende de la capacidad del ejército y de la policía iraquí para garantizar la paz civil.
Bush insistió en la necesidad de «consolidar las ganancias» de 2007 antes de efectuar «la transición hacia la nueva etapa de nuestra estrategia», que después de julio dependerá de la presencia en Irak de unos 130 mil soldados.
Entre las condiciones que no dependen de los militares citadas siempre por el gobierno de Estados Unidos para progresar en Irak está la reconciliación política entre chiitas, sunitas y kurdos, que está lejos de avanzar tan rápidamente como lo desean los norteamericanos.