La violencia laboral ha sido definida como los actos violentos (incluyendo las agresiones físicas y las amenazas de agresión), dirigidos a las personas que trabajan o están de turno. La violencia en el lugar de trabajo abarca desde el lenguaje ofensivo o amenazador hasta el homicidio. La conducta violenta engloba a toda la sociedad y el sector salud no se escapa de ella. Se plantea que las administraciones y sus autoridades competentes deben proporcionar el marco necesario para reducir y eliminar esta violencia.
Vivir con violencia en la actualidad, es un hecho común para todas las personas y al parecer ello contribuye a que se observe de forma natural, normal y con cierto grado de aceptación. Contribuyendo de esta manera a que la violencia se perpetúe. Lo que favorece a ambientes de trabajo insalubres que generan estrés laboral y con ello enfermedad física y mental.
“La violencia en el lugar de trabajo no es un problema individual ni aislado, sino un problema estructural y estratégico que tiene sus raíces en factores sociales, económicos, organizacionales y culturales”. Los efectos de la violencia pueden variar de intensidad e incluyen: heridas físicas de poca gravedad, heridas graves. Invalidez física temporal o permanente. Trauma psicológico y la muerte.
También se describe que la violencia en el lugar de trabajo puede tener consecuencias negativas en la organización como moral baja de los trabajadores, un mayor estrés, cambios constantes de empleados, pérdida de confianza hacia la dirección y los colegas, y un ambiente de trabajo hostil. Por lo tanto, la violencia en el sector salud, no es un tema que incumba de manera exclusiva a las personas que trabajan en este sector, sino, se hace necesario observar que esta repercute en la atención de la salud de la comunidad y por ende contribuye a la vulnerabilidad de la población que requiere los servicios de salud.
La violencia puede ser prevenida pero las personas que han sido sujetas de ella, necesitan procesos de atención a su salud tanto física como emocional y ser partícipes de procesos de rehabilitación ante los acontecimientos sobrevividos. Pero considero que la realidad dista mucho de ser así. Las personas descontentas renuncian a sus trabajos o enferman. Son proclives al desarrollo de enfermedades que necesitan suspensiones laborales, tratamientos farmacológicos específicos y apresuran el tiempo de su muerte.
Ser trabajador del sector salud se está convirtiendo en una circunstancia poco apetecida por muchos. Por lo que este corre el riesgo de quedarse sin profesionales competentes en la realización de su atención. Las condiciones de trabajo de la mayor parte de los profesionales en salud, son extenuantes, con mucho nivel de compromiso y responsabilidad ante la ejecución de un trabajo humano en el cual se observan a sí mismas/os desvestidos de su propia humanidad. Con salarios poco gratificantes que no permiten la obtención de un nivel de vida deseado, por lo que se ven impelidos a obtener más de una jornada de trabajo.
Con esto más, las instituciones se encuentran fallando en el brindar servicios de salud de manera satisfactoria a la comunidad. Pero esta culpa a la parte visible de la atención, el personal en salud. Y a éstos no solamente les toca convivir con la violencia interna del lugar de trabajo, sino también, se encuentran expuestos a la violencia externa del mismo.
En conclusión en este artículo se trata de exponer que se hace necesario el abordaje de la violencia laboral en el sector salud, como una necesidad más de establecer servicios de atención de manera más eficaz y eficiente para la comunidad. Y como un compromiso ante los derechos humanos de los trabajadores involucrados.