Un soldado jordano murió hoy en enfrentamientos con hombres armados que trataban de cruzar la frontera hacia Siria, y en la madrugada hubo enfrentamientos sectarios en Líbano que dejaron dos muertos, consecuencia de la guerra civil siria que se extiende a los países vecinos.
El ministro de Información jordano Sameeh Maaytah indicó que el soldado fue el primero que murió por violencia relacionada con la guerra civil siria. El militar falleció en enfrentamientos con milicianos que trataron de entrar ilegalmente a Siria para unirse a los rebeldes y pelear contra el régimen del presidente Bashar Assad.
Maaytah no especificó si los combatientes eran jordanos o extranjeros.
Un buen número de islamistas extranjeros han estado peleando en Siria junto con los rebeldes. En meses pasados, Jordania prohibió al movimiento salafista —que promueve una práctica ultraconservadora del islam— enviar combatientes a Siria, y la patrulla fronteriza jordana ha atrapado a algunos de ellos recientemente.
En Líbano, las tropas lanzaron un importante operativo de seguridad para abrir todos los caminos y sacar de las calles a los hombres armados en un intento por contener un brote de violencia que comenzó con el asesinato de un importante funcionario de los servicios de espionaje que era un poderoso opositor de Siria. Los enfrentamientos sectarios en la madrugada del lunes dejaron al menos dos muertos.
Los opositores al gobierno sirio culpan a Damasco de la muerte del general Wissam al-Hassan, ocurrida el viernes al estallar un coche bomba en Beirut. Con Líbano ya tenso y profundamente dividido por la guerra civil en el país vecino, el asesinato amenaza con arrastrar al país a los mismos conflictos sectarios que lo plagaron durante décadas, muchos de ellos vinculados con Siria.
La mayoría de los sunitas libaneses respaldan a los rebeldes de siria, que son en su mayoría sunitas; mientras que los chiitas libaneses tienden a apoyar a Assad.
Más de 33.000 personas han muerto en Siria desde que comenzó el conflicto en marzo de 2011.
PLAN DE SEGURIDAD
Fuerzas libanesas iniciaron el lunes una gran operación de seguridad para abrir carreteras y desalojar de las calles a los milicianos irregulares armados, intentando contener una ola de violencia causada por el asesinato del jefe de los servicios de espionaje, detractor acérrimo de Siria.
Durante la noche, los enfrentamientos sectarios causaron la muerte de por lo menos cuatro personas.
Los detractores de Siria han culpado al régimen de Damasco por el asesinato del general de brigada libanés Wissam al-Hassan el viernes en un atentado dinamitero efectuado en Beirut. En un Líbano ya tenso y profundamente dividido por la vecina guerra civil en Siria, el asesinato amenaza con sumir al país en una ola de violencia sectaria como la que lo castigó durante décadas, en su mayor parte a instancias de Siria.
Disparos esporádicos sonaron en Beirut y soldados respaldados por transportes blindados de personal equipados con ametralladoras pesadas ocuparon las principales avenidas y desmantelaron las barreras que encontraron. En ocasiones la tropa intercambió disparos con milicianos suníes.
Al-Hassan era un suní que desafió a Siria y a su poderoso aliado libanés, el grupo islamista Jezbolá. La guerra civil en Siria está dominada por la mayoría suní que combate contra el presidente Bashar Assad, que al igual que muchos de su régimen es de la secta alauí (una rama de la corriente chií). El Líbano y Siria compartes parecidas diferencias sectarias que han alimentado las tensiones en ambos países.
La mayoría de los sunís libaneses han respaldado a los sunís sirios y los chiíes libaneses a Assad.