Violencia


Violencia es la palabra que mantiene en suspenso a los guatemaltecos. Un análisis de los principales aspectos problemáticos de la agenda social de la Guatemala actual y del futuro próximo, debe razonar atentamente la importante magnitud que han adquirido las múltiples manifestaciones de violencia y su expresión en un amplio sentimiento de «inseguridad ciudadana», iniciando por una abominable conducta de la mayorí­a de los automovilistas, quienes utilizan el vehí­culo como un arma para agredir y aterrorizar a otros automovilistas y al ciudadano en general.

Roberto Arias

Estas manifestaciones de violencia promueven un conjunto de transformaciones y reacciones con consecuencias sobre diferentes planos. La generalizada percepción de la violencia como un fenómeno creciente e irreducible tanto a modificaciones legales como de operativas institucionales, ha alentado la expansión de mecanismos privados para dar seguridad. Esto ha deteriorado los patrones de sociabilidad, lo que representa un grave riesgo respecto a expectativas de intervención de los poderes públicos y en última instancia, cuestiona las posibilidades de un modelo de desarrollo humano sustentable, tal y como lo dictan los estudios de medio ambiente. El análisis del tema no puede dejar de mencionar la substancial influencia que ejercen los medios masivos de comunicación para el acrecentamiento del temor colectivo, al sobredimensionar algunos hechos formales, de los cuales tenemos muchos a la vista y que por el momento no es pertinente mencionarlos por su nombre. No podrí­an los ciudadanos guatemaltecos olvidar que la plataforma que utilizó ílvaro Arzú Irigoyen en 1995 para lanzar su candidatura presidencial fue diciendo que en 180 dí­as (seis meses) acabarí­a con la violencia en Guatemala, cuando el estado de violencia en Guatemala aún era reversible con alguna facilidad. Los guatemaltecos votaron por Arzú y todo siguió peor, aunque todos contentos. ¡Extraña población! La población guatemalteca permitió la decantación de la violencia, por el mismo hecho de tener una democracia ficticia, en la cual los representantes de la población que ostentan curules en el Congreso de la República no representan de ninguna manera a los intereses ciudadanos, más que los intereses económicos de los poderosos, intereses de los polí­ticos y los intereses propios tanto polí­ticos como económicos. Dice Carlos Mendoza del CABI: «El PNUD utiliza como fuente primaria los datos de la Policí­a Nacional Civil (PNC). Yo tengo preferencia por los datos del Instituto Nacional de Estadí­stica (INE), entre otras razones, porque la serie de tiempo es mucho más amplia. Se pueden obtener datos desde 1986. Por el contrario, la serie de la PNC viene desde 1995. Un punto en contra del INE es el rezago de dos años en la publicación de los datos. Para la PNC el rezago es de un año. Entonces, a partir de dos fuentes distintas podemos llegar a las mismas conclusiones sobre las tendencias de la violencia homicida en Guatemala. Se esperarí­a que la tasa estimada con datos del INE correspondientes a 2006 se sitúe alrededor de las 37 muertes por 100 mil habitantes.  Insisto, para los hacedores de polí­ticas públicas, ¿Qué fue lo que hizo la administración de ílvaro Arzú, o qué otros factores ayudaron para bajar la tasa de homicidios entre 17 (según PNC) y 12 (según INE) puntos entre 1997-99?». No existen datos exactos, pero la violencia sí­ existe. ¿Cree el honorable lector(a) que un gobierno puede erradicar la violencia de Guatemala sin la intervención directa del ciudadano común como usted y yo? ¡Erradiquemos la violencia nosotros, los ciudadanos, con la actitud debida!00 niños fueron asesinados durante el año 2000. De estos, la mayorí­a tení­a entre 0 y 4 años. Aunque los datos no son exactos, se calcula que el 20% de las mujeres y entre el 5% y el 10% de los hombres fueron abusados sexualmente durante su infancia. Las madres tienden a recurrir a los castigos fí­sicos con más frecuencia que los padres. De acuerdo con el informe de la OPS, entre el 10% y el 69% de las mujeres ha informado haber sido fí­sicamente agredidas por sus parejas alguna vez durante su vida. Se calcula que alrededor de 57 000 niños fueron asesinados durante el año 2000. De estos, la mayorí­a tení­a entre 0 y 4 años. Aunque los datos no son exactos, se calcula que el 20% de las mujeres y entre el 5% y el 10% de los hombres fueron abusados sexualmente durante su infancia. Las madres tienden a recurrir a los castigos fí­sicos con más frecuencia que los padres.