Con ocasión de los intentos del presidente costarricense í“scar Arias de lograr una salida diplomática y pacífica al conflicto originado en Honduras por el golpe de Estado que depuso al presidente constitucional Manuel Zelaya, las agencias internacionales de noticias le conceden especial énfasis al premio Nobel de la Paz otorgado al gobernante de Costa Rica en 1987 por su mediación en búsqueda de la paz en Centroamérica.
eduardo@villatoro.com
Aunque ya en una oportunidad abordé periféricamente este asunto, en honor a la verdad considero necesario hacer una somera relación de los hechos políticos y diplomáticos ocurridos en la región en el período de 1986 a 1990, cuando se registraban conflictos militares en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, en donde fuerzas insurgentes se enfrentaron a los ejércitos de esos países.
El 14 de enero de 1986 asumió la Presidencia de la República el abogado demócrata cristiano Vinicio Cerezo Arévalo, al haber obtenido abrumadora mayoría de votos, juntamente con su candidato vicepresidencial Roberto Carpio Nicolle, cuya vocación centroamericanista constituyó valioso aporte para las posteriores decisiones que adoptó el entonces joven gobernante.
Una de las primeras acciones que tomó Cerezo Arévalo en el ámbito regional fue ponerse en contacto con sus homólogos del resto de Centroamérica, interesado en encontrar soluciones negociadas a las guerras internas que asolaban a tres de estos países. De esa cuenta, convocó a los presidentes de El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica a una reunión en la ciudad de Esquipulas, para alcanzar consensos entre los jefes de Estado en lo que concernía a poner fin a los conflictos armados. El 1 de julio de 1986 se firmó el Acuerdo Esquipulas I.
Los esfuerzos diplomáticos del presidente guatemalteco prosiguieron, pese a la resistencia de algunos sectores militares, empresariales y políticos de la derecha, de manera que logró reunir nuevamente a los cinco presidentes del área en la ciudad de Guatemala el 8 de agosto de 1987, cuando se suscribió el Acuerdo Esquipulas II, que, entre otras cláusulas, resolvió la creación en cada país de Comisiones Nacionales de Reconciliación, que en Guatemala encabezó el ahora cardenal Rodolfo Quezada Toruño y que contribuyó sobresalientemente al proceso de las negociaciones de paz, de lo cual cuento con suficiente documentación porque fui llamado a fungir de secretario ejecutivo de la CNR.
El presidente Cerezo tuvo que enfrentar serios obstáculos para poder iniciar las negociaciones de paz con las fuerzas insurgentes de la URNG, incluso un conato de golpe de Estado, pero no cejó en su empeño, que culminó en diciembre de 1996 cuando el gobierno del presidente ílvaro Arzú firmó los Acuerdos de Paz con la URNG.
Estos datos dan una ligera idea del afán de Cerezo Arévalo para poner fin a los conflictos armados en Centroamérica, especialmente en Guatemala, mientras que el presidente Arias (en su primer período) jugó un papel secundario, pero como contaba con un eficiente equipo diplomático, logró figurar internacionalmente como el protagonista principal de las negociaciones regionales, además de poner de relieve la conocida trayectoria democrática en Costa Rica y la inexistencia de un ejército en ese país.
La Cancillería guatemalteca estaba dirigida por el político Alfonso Cabrera, avezado en las marrullerías de la política interna; pero sin experiencia en el ramo internacional, por lo que el Ministerio de Relaciones Exteriores ni se enteró de las maniobras diplomáticas del gobierno de Costa Rica para que a su presidente Arias se le concediera el Premio Nobel de la Paz, mientras que el presidente guatemalteco Vinicio Cerezo, verdadero artífice de las negociaciones de paz, quedó en el olvido.
 (En un monumento a la paz en Costa Rica, Romualdo Tishudo leyó esta leyenda: Dichosa la mujer costarricense porque sabe que al parir su hijo nunca será soldado)