Una de las preguntas del siglo es: ¿Cuál es el verdadero origen del SIDA? La publicación en Internet «El Verdadero Origen del SIDA» del Grupo Elron, nos dice lo siguiente:
«Los días 5 y 6 de marzo de 1989, el San Francisco Examiner publicó una serie titulada «Armas de tubo de ensayo», que reveló que el aparato militar estadounidense está y ha estado desarrollando armas biológicas capaces de atacar a grupos étnicos específicos. Y durante los años 60 se llevaron a cabo en California terapias experimentales y de prueba con presos, incluyendo drogas que alteran la mente y electroshocks.
Algunas estaban dirigidas a presos homosexuales con el fin de «convertirlos» a la heterosexualidad (se puede obtener más información sobre el uso de presos en experimentos y pruebas biológicas en dos buenas fuentes, que son: Acres of Skin -1998-, de Allen M. Hornblum; y Kind and Unusual Punishment: The Prison Business -1973-, de Jessica Mitford). Pero, ¿eso hace culpable al gobierno -estadounidense- de haber creado el virus más mortífero hasta la fecha de nuestra época?
No existe explicación real «oficial» al origen del SIDA; el gobierno -estadounidense- no tiene ninguna respuesta empírica que ofrecer. Por supuesto, no nos va a decir que creó el virus. ¿Tal vez no haya ninguna otra verdad para contar? Como dijo el doctor Jakob Segal, «(…) ninguno de los expertos puede plantear un medio razonable, plausible, natural, que hubiera podido provocar el SIDA». -Fin de la cita-
Como ésta hay miles de publicaciones y páginas de Internet que culpan a los Estados Unidos de ser creadores del SIDA, mediante experimentos científicos vía ingeniería biogenética. Hay mucho material que contiene nombres, nombres de laboratorios, fechas y otros datos que incriminan seriamente a los gobiernos estadounidenses en la creación del sida por experimentación sistemática en todos los campos de la ingeniería genética, ingeniería nuclear, armas biológicas, biotecnología, etcétera.
Sin embargo, no puede descartarse el hecho de que pudo haber sido cualquier otro país u otros gobiernos y ejércitos de países acaudalados, quienes tienen el capital suficiente para sustentar sofisticados laboratorios y también se dedican a este tipo de experimentación con la finalidad de estar preparados para atacar o contraatacar con armas similares en una guerra biológica.
Los conquistadores del continente americano -Sur y Norte- utilizaron frazadas contaminadas con enfermedades para diezmar a los nativos que les salieron al encuentro, en son de paz o en son de guerra. Así, pues, que las guerras de orden biológico no son nada nuevo ni excepcional. Eso sí; son armas inhumanas que atentan contra la humanidad, toda.
Desde Ciudad de México, el New York Times, reportó el jueves 3 de agosto 2008, según mi traducción libre: «Los Estados Unidos han equivocado significativamente la cantidad de nuevas infecciones de VIH que ocurren cada año en la nación, demostrado por medio de un estudio hecho público aquí el sábado, que el ritmo de infección anual es de 40% mas alto de lo estimado con anterioridad».
Lo que podemos asegurar es que lo del mono africano es un mito que echaron a rodar partes interesadas. El virus, creado en laboratorio o no, hace estragos entre la humanidad. A este ser microscópico, por el hecho de ser mutante, será muy difícil para los científicos encontrar la forma de erradicarlo en un corto o mediano plazo.