En artículo anterior se ha dejado establecido que en Guatemala hay una cantidad formidable de personas que son portadoras de VIH, es decir, del virus que causa el sida, que no están registradas estadísticamente y que, incluso, muchísimas de ellas ni siquiera saben que están infectadas. En ese grupo encontramos a indigentes, obreros, profesionales, industriales, políticos (as) y otro sinfín de personas que nadie supondría que están infectados.
Nadie, con sólo mirarlo(a), tiene forma de saber si su basurero, su mecánico, su arquitecto(a), su abogado(a), el mesero(a) que le atiende, el ministro de Estado o el eclesiástico, el o la pariente cercana o cualquiera de sus empleados están infectados con el virus de VIH, aunque esto realmente no tiene mayor importancia porque no pasan de estrecharse la mano y, si es mucho el afecto, solamente darse un abrazo o un beso, lo cual no es motivo de infección en absoluto.
Me decía un sujeto que él «sale» con una mujer casada y que así está bastante a salvo de infecciones de transmisión sexual. Lo que no sabe esta persona es: si el esposo de la amante es promiscuo, es homosexual o bisexual activo. Las personas aumentan el riesgo de contagio con el aumento de parejas sexuales, particularmente si alguno de ellos no sabe u oculta maliciosamente que es VIH positivo,
Por las razones expuestas es conveniente, si una persona es sexualmente activa con varias parejas, que utilice protección (condón masculino o femenino) incluso entre parejas formales y/o esposos, si hay recelos, porque este fragilísimo virus no discrimina para buscar acomodo en nuevos organismos. El VIH o virus del sida es fragilísimo como cualquier otro virus o retrovirus de su especie. Es tan frágil que no soporta estar bajo una temperatura que no es la del cuerpo humano que lo cobija. Unos treinta segundos fuera del cuerpo anfitrión y el virus muere por el cambio de temperatura.
Es inconmensurable la cantidad de personas, hombres y mujeres, que han sido infectadas por compañeros(as) sexuales que ni idea tenían de que ya estaban infectados con VIH. Esto en todos los ámbitos sociales, económicos y étnicos.
Una canita al aire, como se dice en lenguaje coloquial, tanto del hombre como de la mujer, puede resultar en una catástrofe familiar de consecuencias imprevisibles, en virtud de que el VIH o sida no solamente infecta físicamente, sino afecta psicológicamente a las personas. Lo psicológico se difunde a su alrededor, especialmente hacia lo íntimo del hogar -hijos; parientes cercanos y lejanos; parientes políticos; etc.-, principalmente dentro la mayoría de los hogares guatemaltecos, para quienes el tabú supera al conocimiento y la comprensión de la pandemia.
Hace algunos años, tuve la oportunidad de entrevistar en mi extinto programa televisivo «Una voz en la noche», a un infectólogo guatemalteco recién venido de realizar una maestría en Europa en este campo, quien explicó al auditorio la forma en que el retrovirus VIH engaña a la célula para que ella lo identifique como aliado y le permita entrar.
Por ser una forma de vida muy simple, el retrovirus no «sabe» reproducirse y recoge la información de ADN del ácido nucleico de la célula y «aprende» a reproducirse. Se multiplica dentro de la célula hasta que la hace estallar y todos los nuevos retrovirus se distribuyen por el torrente sanguíneo en busca de otras células sanas para infectar y continuar el proceso.