El pensamiento académico del profesor José Rodolfo Ortiz Amiel y su presencia como un extraordinario ser humano, continúan vigentes en Guatemala. Su sensible fallecimiento lo lamentan amplios sectores de la sociedad guatemalteca porque fue un hombre que, en la modernidad, siempre estuvo presente con sus ideas democráticas y tuvo un importante papel en el desarrollo para lograr cambios socioeconómicos en su país. Este aspecto lo obligó a vivir en Costa Rica. Sintió como propias las injusticias y luchó para erradicarlas con su capacidad y sensibilidad filosófica. Cuando regresó a Guatemala volvió a incorporarse a las aulas universitarias.
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«Su obra docente, magisterial y reflexiva -señala el escritor Mario René Matute- constituye la articulación de entidades creadoras que permanecen vigentes e inagotables por sobre el tiempo y más allá de las adversidades que, como a lo largo de su estancia en esta tierra, debió vencer y esquivar, frecuentemente a costa de amenazas, peligros y sufrimientos frente a los cuales, inexorablemente, la razón y sus altas convicciones éticas, filosóficas y políticas consiguieron mantenerlo indoblegable y espiritualmente poderoso». El profesor Ortiz ejerció la docencia en los niveles de educación secundaria -en diversos establecimientos-, así como en licenciatura y posgrado, especialmente en la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), institución que le concedió el cargo honorífico de Profesor Emérito, por sus valores académicos como matemático y filósofo. Compartió afinidades políticas e inquietudes renovadoras con intelectuales guatemaltecos como Carlos González Orellana, Mario Silva Jonama y Rafael Tischler, entre otros. Asimismo, junto a Leonel Roldán, René Mendoza Jonama, Arturo y Mario René Matute, Víctor Hugo de León, impulsaron la organización El misterioso exágono.
La lectura de los textos de Ortiz Amiel señala la seriedad de su pensamiento. En ellos se expone la creación filosófica con diversos aportes, entre ellos, Reflexiones sobre el concepto «realidad nacional», impresión de la Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica; de igual manera, Cuatro métodos de la filosofía, editado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Usac; así como Dialéctica de lo abstracto y lo concreto, la lógica y lo histórico, publicado por Editorial Grijalbo; y también destacan sus escritos Leyes y categoría de la dialéctica, junto a Hombre, ciencia y filosofía (edición con otros autores).
Con un grupo de amigos, que incluía a Héctor Nery Castañeda y Rodolfo Ortiz Amiel, fundaron el Centro Filológico «Andrés Bello». El filósofo guatemalteco Rigoberto Juárez-Paz escribió del profesor
Ortiz: «Sus afanes gramaticales lo prepararon idealmente para la filosofía que se concibe como análisis lógico del lenguaje ordinario y el de las ciencias, concepción que dominaba el ambiente intelectual en que él se formó».
Fueron innumerables las lecciones del profesor Rodolfo Ortiz, pero básicamente, es relevante su actitud de honestidad. Es un ejemplo para las generaciones que estudiaron junto a él. Con su ejemplo, alumnas y alumnos aprendieron de un hombre justo y solidario. La vida del profesor Rodolfo Ortiz Amiel es parte de la historia, la ciencia, y la política de Guatemala. Su aporte básico fue su entrañable conducta como un ser humano solidario y de gran ejemplo moral. En él hubo voluntad creadora, sensibilidad estética e identidad cultural.