El juicio contra los generales en retiro Efraín Ríos Montt y Rodríguez Sánchez, vuelve a la palestra viejos fantasmas. Con la firma de la Paz creímos fue un borrón sobre el enfrentamiento largo y doloroso, entre ambos bandos. Prosigue de nuevo la población la amarga y dolorosa polarización, con afán dicho inexplicable divisionismo de manera muy recalcitrante.
Ruego a los lectores que el título de esta nota no lo tomen como una indirecta por la avanzada edad de los mílites enjuiciados. Al contrario, tengo un enorme respeto a la adultez mayor. Sería imposible, si quien escribe forma parte de la tercera edad, gracias a Dios mi gratitud por concederme esa bondad.
De manera peyorativa escuchamos a menudo el tratamiento del colectivo irrespetuoso utilizar mediante indicadores de incultura y mala crianza, llamar «viejo aquí, viejo allá»; expresiones burlescas, irónicas y bárbaras que atruenan el espacio. Omiten el recuerdo de su ascendencia, en cuya mente obtusa de auténtica patanería, solamente caben palabras estúpidas.
Otra vez en pleno vigor y tendencia de mala fe, situación de guardarse en una sepultura; empiezan los dardos encaminados al separatismo beligerante, dedicado a crear un ambiente nocivo y tenaz, propiciante de odios y venganzas cruentas. La amnesia genera esa actitud inconveniente de luchar con denuedo.
No podré jamás desconocer que de parte de ambos bandos hubo excesos visibles, algunos de gran cuantía, conservados en el olvido engañoso. De parte del ejército y la subversión, durante las sucesivas décadas responsables del estéril derramamiento de sangre fraterna; de igual manera la destrucción de la útil e importante infraestructura física constituyó grandes pérdidas.
El juicio, verdadera Caja de Pandora prosigue, similar a sobrepasar más sorpresas, dolor y lágrimas, tras ignorarse el paradero de tantísimos compatriotas, víctimas de la mencionada guerra intestina. Los viejos fantasmas, borrados en apariencia del mapa y frescos en la memoria histórica, ¿será posible ardan las cenizas? El mismo caso de llevarse a cabo entre expectativas.
La aplicación de la justicia «pronta y cumplida» suena como enorme vacío urgida de castigo a una y otra parte. Eso sí, requiere una acción ajena al empecinamiento y fanatismo desbordante. Ante la ley y la justicia debe siempre prevalecer una decisión firme y correcta de enjuiciar a tirios y troyanos por igual, para ponerle fin a tan preocupante caso aludido.
Tiempo es de sobra de poner acciones malévolas, cuya estrategia, o como quiera decirse, lleva propósitos de sembrar la cizaña cruel, inhumana de arder el fuego, aparentemente extinguido. Pero los rescoldos siguen vigentes, listos en el momento propicio de arder la llama del revanchismo de volver a las andadas y mantener los daños a nuestra patria irreverente.