Vieja problemática en un marco moderno


La necesaria y obligada retrospectiva muestra su desnudez. El efecto de una vieja problemática en un marco moderno causa una panorámica patética. Para algunos enorme sorpresa y reacciones deprimentes, percibir ya tarde nuestra apabullante realidad. Pero esa visualización hace reconocer, aunque duele, el hecho verí­dico de como estamos.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

En resumidas cuentas, data de muy lejos al compás del tiempo, corcel desbocado sin tropiezos. Esto mismo significa que las generaciones anteriores, sufrieron el acoso de toda suerte, sin suerte. No podemos negar la circunstancia de habernos legado experiencias de í­ndole mortificante. Generadas por efecto descomunal de fenómenos naturales.

Sin embargo, puntualizo la situación invariable por cierto, consistente en dejar esos bagajes cubiertos con el manto del olvido. Pasan dichos eventos y pronto volvemos a accionar sobre las sendas cotidianas. Las repercusiones así­ sean tétricas y destructivas, también las dejamos pasar. Mañana será otra cosa diferente solemos decir al frente.

Invito a reflexionar en torno por ejemplo al terremoto. Tales movimientos telúricos nos sacuden, según recopila la historia, a partir de los registrados durante los años 1917-1918. Por consiguiente los acaecidos la fatí­dica madrugada de febrero 4 de 1976 y sus réplicas, son una confirmación convincente. Hoy se habla que somos un paí­s vulnerable.

Si hacemos referencia a fuertes temporales, desfogue de potenciales hí­dricos, por sabido se calla su estampa recurrente. Conllevan desde siempre, una cauda funesta de desbordes, arrasamiento de personas, junto a sembradí­os, animales, caminos y puentes que provocan miseria. Campesinos del interior pierden lo poco de su sencillo haber con desamparo.

Actualmente cobra noticias de primer impacto o primera plana, el fenómeno contemporáneo del cambio climático. Que lo hubo antaño, en efecto, sólo varí­a la intensidad, ajena a controles que existen hoy en dí­a. El aludido fenómeno a su paso de cí­clopes origina el denominado «Corredor seco». Generador invariable de sequí­a y su par la hambruna.

Concerniente a la contaminación que invade todo el paí­s, cabe recalcar un ingrediente. Como una cosa trae otra, este azote expresa a lo largo y ancho del territorio su rostro famélico. Tampoco es algo nuevo, su persistencia ha sido cosa antigua. Empero, las dimensiones de tan malévolo asunto exigen diferencia perceptible con sólo dos dedos de frente.

A partir de los casos concernientes a la hambruna en Jocotán y Camotán, departamento de Chiquimula, atronaron el espacio, conmoviendo al resto de connacionales. Aunque la realidad se remonta en la lejaní­a de los años. Para muestra un botón, el área rural en general, adolece muchas lunas atrás de esta problemática de desnutrición exagerada.

Menciono, asimismo, una cadena de sucesos en menoscabo de nuestros recursos naturales. Entre ellos la demoledora tala de árboles y deforestación complicada. Demás está evidenciarlo, conlleva gigantescas implicaciones a la orden del dí­a. Amerita en esa lí­nea de pensamiento traer a cuento que tan despiadada explotación ilí­cita es de antes.

También el sonado problema de incalculables repercusiones, como son la inmigración en búsqueda de mejores horizontes, pero fallido el propósito, data de muchos años; difiere que ahora alcanza volúmenes exorbitantes. Así­ sucede con el trasiego de armas y drogas. Vieja problemática, hoy en el marco manifiesto del presente agigantado.

Es una lista interminable, imposible reseñar en volandas. Resta sí­, acentuar en mayúsculas la falta total de previsión y la consiguiente solución demostrada por sucesivos gobiernos. Hay falta por supuesto de voluntad y decisión, a destono con tantí­simo ofrecimiento en campaña electoral. Ello representa: palabras, palabras y más palabras.