En todas las religiones, especialmente en las cristianas, la vida presenta connotaciones espirituales, es otorgada por Dios, su trascendencia y límite son eternos. El cuerpo tiene una vida física determinada, el alma es la que perdura. El hombre como tal debe respetar y reconocer que de la misma manera que no se es capaz de dar la vida, tampoco tiene la facultad de quitarla.
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La honra es posiblemente, después de la vida, el don más preciado y respetado por los seres humanos, ello implica pudor, orgullo, honor y satisfacción. Igual que la vida, nadie tiene el derecho de deshonrar, de cuestionar o de destruir la honra, el reconocimiento de la sociedad por un ser humano.
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Dependiendo de las diferentes culturas y sociedades así la mayor o menor trascendencia del honor y de la vida. Culturas orientales consideran una obligación el concluir la vida cuando no se puede vivir con la honra. Por ello, es tan importante que todos y cada uno de nosotros comprendamos, respetemos la vida de un ser humano y como consecuencia de esto la honra que le corresponde.
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La sociedad ha establecido normas y procedimientos para salvaguardar y mantener el legítimo derecho de las personas, tanto a la vida como a la honra. Por ello, es tan importante que comprendamos que bajo ningún concepto se debe atentar o poner en riesgo y peligro la vida y la honra de las personas.
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En nuestro país la historia evidencia cómo se ha vulnerado y destruido la vida de hombres, mujeres y niños. Por razones políticas, por conveniencias económicas e incluso por sentimientos de odio o de venganza, así también ha acontecido con la honra de las personas. Dependiendo de la coincidencia de las ideas y de los intereses particulares se ha atacado, se ha vilipendiado y se ha destruido.
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Muchos guatemaltecos que podrían participar de forma positiva y constructiva en el desarrollo político y social del país, no se atreven a hacerlo porque históricamente las personas que destacan corren el riesgo de un atentado a su vida o de una campaña de menoscabo y destrucción de su honradez.
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Existen individuos que son sicarios y que no vacilan, mediante un precio, de privar de la vida a un ser humano, igualmente existen individuos que se especializan en la destrucción de la imagen de una persona, también mediante un precio.
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La historia de nuestro país evidencia numerosos ataques contra la vida de los seres humanos y también campañas de destrucción de la imagen y prestigio de personas que han participado en la vida política y social del país.
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En la historia reciente tenemos casos como el asesinato de monseñor Juan José Gerardi, a quien además de privársele de la vida se buscó destruir su honra de diferentes maneras. El caso de Rodrigo Rosenberg es también una muestra de la pérdida de una vida o más y del deseo de destruir la imagen y honra de otros.
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La noticia de un posible atentado contra la integridad y vida de Nineth Montenegro es injustificable, censurable y repudiable, además de atentar contra la integridad de Nineth lo hace contra la honra y credibilidad de nuestro país.
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Los guatemaltecos, sin importar clase social, situación económica u opiniones políticas debemos de repudiar todo atentado contra la vida y contra la honra.