En la biblioteca de Southwickhouse, cuartel general de Eisenhower, el domingo 4 de junio a las nueve y quince de la mañana, anunció la decisión final, la invasión a Europa sería el martes 6 y las operaciones aéreas se iniciarían el lunes 5 por la noche, a su lado el mariscal Bernard Montgmomery a cargo de la fuerza de invasión lo secundó al igual que los restantes miembros del alto mando.
Desde el 19 de mayo los días probables habían sido fijados para el 4, el 5 o el 6 de junio. Las condiciones meteorológicas y la Luna eran básicas: Luna llena un poco tardía para que los aviones llegaran a suelo francés sin ser vistos y luego al surgir la Luna, claridad para que los paracaidistas y los planeadores vieran el terreno pantanoso del área. La otra condición indispensable era marea baja en las horas de la madrugada del propio 6 de junio para que los obstáculos y las minas de las playas fueran vistas por las fuerzas de invasión. Se deseaba que el mar estuviera lo más calmo posible y además un viento hacia la costa que disipara el humo y la niebla para permitir que la aviación actuara. Por la tarde que continuaría el desembarco se esperaba otra marea baja para sortear el minado de las playas. Todo junto no iba a ser posible, así los días 4 y 5 fueron desechados por el mal tiempo y la visibilidad escasa, buques con tropas ya en camino fueron regresados al posponer la operación. Debía realizarse el 6 de junio de lo contrario se tendría que esperar hasta julio con la próxima Luna. Cuando el meteorólogo anunció el domingo 4 mejoría de condiciones para el día 6, esto fue suficiente para tomar la decisión, la segunda parte del melancólico verso de Paul Verlaine indicando la fecha estaría llegando a los miembros de la resistencia en Normandía.
A los británicos y canadienses correspondió la invasión en las playas Sword, Gold y Juno. Las anécdotas más extraordinarias de las conocidas se dieron dentro de estos grupos en donde se mezcló el nerviosismo, el arrojo y la flema inglesa. El comandante King de la Tercera División frente a la playa Sword, al momento de desembarcar en pleno combate, sacó una nota y leyó a gritos un pasaje de Enrique IV de Shakespeare: «Quien sobreviva y regrese salvo, se pondrá de puntillas cuando este día sea nombrado». En muchos sitios se oía el grito: todos a sus puestos y Padre Nuestro, que estás en los cielos, santificado sea Tu Nombre?
Los puentes de Caen sobre el río Orne todavía sobreviven al paso del tiempo, acceden a Vierville que es hoy una pequeña urbe matizada por cafés y ventas de productos de los campesinos locales, los excelentes quesos normandos y el calvados, esa peculiar mezcla de sidra y pulpa de manzana. Ahí el Orne forma un estuario próximo al Sena, esparciéndose en marismas por muchas millas a la redonda a lo largo de la costa, fueron la trampa mortal para cientos de paracaidistas que perdieron la vida, muchos ahogados por su pesado equipo; los que sobrevivieron antes de ser capturados se defendieron, se reagruparon y marcharon hacia los puntos de convergencia convenidos. En la playa Sword con la orden de asegurar los puentes sobre el Orne en Caen, Lord Lovat el 17 Señor de Beaufort Castle en Inverness Escocia, gritó al subir a las barcazas camino de la playa ordenando a su gaitero personal Bill Millin «? toca Highland Lady, muchacho» y al sonido de las gaitas encabezó el desembarco. Continuará