Verdadera solidaridad


Guatemala está viviendo uno de los momentos más difí­ciles de los últimos años, como consecuencia del invierno que ha causado estragos en el transcurso de varios meses pero que en los últimos dí­as, ante la saturación de los suelos, ha cobrado vidas por deslaves que según las autoridades amenazan con continuar durante los meses que quedan de lluvia dado que el terreno está seriamente afectado por la enorme cantidad de agua que ha recibido.


El dolor y sufrimiento de aquellos guatemaltecos que han perdido a sus seres queridos y de quienes han perdido sus bienes en medio de estas torrenciales lluvias nos tiene que mover a expresar la más auténtica solidaridad, dejando por un lado cualquier tipo de diferencias, no digamos de intereses polí­ticos. Es momento en que el mismo Gobierno nos dé ejemplo a todos, dejando atrás la confrontación y el aprovechamiento de circunstancias con fines electorales, para incentivar así­ a los partidos de oposición a que aprueben en el Congreso las disposiciones financieras necesarias para enfrentar la crisis.

El mismo Gobierno tiene que proponer, antes de que alguien quiera imponerlas, las medidas para asegurar la más absoluta transparencia en el manejo de los fondos porque siempre subsiste la duda de si hay intereses electorales como trasfondo de la asignación de recursos. Y honestamente hablando, dado el estado del paí­s, serí­a trágico que alguien pudiera estar con la idea de aprovechar polí­ticamente el momento para llevar agua a sus propios molinos.

Y los ciudadanos tenemos que volcarnos con nuestra ayuda que se puede y debe canalizar no sólo mediante las instancias oficiales sino también por las iglesias que han demostrado en anteriores emergencias su capacidad de asistir a las ví­ctimas y distribuir con eficiencia y rapidez la ayuda de los parroquianos.

Lo que resulta absolutamente cierto es que estamos viviendo uno de los momentos más duros de la historia, posiblemente apenas superado por el terremoto, puesto que durante meses hemos visto cómo se va destruyendo la infraestructura del paí­s, se pierden recursos y se pierden vidas porque la vulnerabilidad de Guatemala es extrema y las condiciones climáticas también son extraordinarias.

Todos estamos obligados a aportar, como lo hicimos en 1976 los guatemaltecos, para asistir a quienes más necesitan, a aquellas personas que están en mayor vulnerabilidad y que, por lo tanto, corren mayores riesgos. No es momento para ningún tipo de división ni para dejar que las diferencias nos sigan marcando. Hoy el objetivo es único y es salir con bien de esta emergencia y para ello hace falta el aporte de toda la población, no sólo con aportes en ví­veres, enseres y dinero, sino también en trabajo directo para asistir y ayudar a las ví­ctimas.