¡BASTA, la violencia NO puede dominarnos!
La palabra de moda hoy día es crisis. Esa palabra está siendo usada por toda la población guatemalteca. ¿Por qué será que ese concepto está tan usado? La Conferencia Episcopal de Guatemala recientemente ha criticado duramente al gobierno citando seis áreas de mucha preocupación. Me refiero a ellas como lo hace la CEG. Agatha: indican que la falta de compromiso del gobierno ha causado que muchas personas afectadas por ese fenómeno climático aún no sean atendidas y que muchos de los recursos donados no han llegado a la población necesitada. Criminalidad: La violencia está a la vista y continúa en aumento. Es difícil distinguir entre las personas y organizaciones de bien y las infiltradas por una organización mafiosa. Impunidad: La descomposición social producida por la falta de estabilidad es causada por la falta de la correcta aplicación de la justicia. Ecología: La explotación minera y de petróleo como causa del deterioro del medio ambiente. Salud: «Mientras se invierten millones de quetzales en los programas de Cohesión Social, muchos centros de salud y hospitales no tienen los recursos necesarios para dar los servicios requeridos». Estado: La democracia de Guatemala es muy débil y hay una falta de credibilidad en la clase política. La población desconfía de esos políticos, «es una realidad proclamada a todas voces».
Estos temas y otros más, que indican crisis en otras áreas, están en boca de toda la población. No hay quién no se queje de la falta de seguridad, de la falta de una justicia imparcial, de la falta de atención médica, de la ausencia de conciencia del cuidado del ambiente, que los delincuentes gocen de impunidad, que se ríen de la justicia porque saben que no pasarán mucho tiempo privados de libertad (véanlos en los noticieros) y no digamos la crisis educativa del país. Los miembros de la sociedad llegan al colmo de la frustración porque nada puede hacer en forma individual para remediar esta situación. Efectos de esa frustración son los linchamientos de presuntos o reales ladrones, secuestradores y violadores, en la capital y en los pueblos.
El nivel más alto de esa frustración y la forma de sacarla, fue lo que sucedió frente a la Catedral Metropolitana de la Capital hace unos días cuando vapulearon a un supuesto ladrón sin que llegara autoridad alguna que se supone tiene que velar por la seguridad de los ciudadanos. El Cardenal Quezada Toruño trató de intervenir para parar el desahogo de la gente pero nada pudo hacer porque la misma muchedumbre le impidió llegar al vapuleado. Eso señores es grave, la turba ya no respeta más liderazgo que su propio descontento y furia. La frustración acumula violencia y eventualmente este enojo será tal que realmente tendremos una crisis mayor que la actual. El titular de un artículo en un medio escrito decía. «La Usac está en crisis». Otro, «Catástrofes, degradación y crisis». Hablando de desastres, no hay dinero para reconstruir lo destruido. No hay dinero para salud. No hay dinero para la reparación y construcción de escuelas y no hay para más maestros. El manejo de los fondos monetarios no atiende a las verdaderas prioridades de necesidades de la población, es el sentir de todo el mundo». Crisis es la palabra que describe todas esas faltas.
¿Qué significa la palabra crisis? Según la RAE es «Escasez, carestía» y «situación dificultosa o complicada». Según lo demostrado en las líneas anteriores, y agregando mi definición, crisis es la falta de balance individual, familiar, organizacional y del Estado. Es la falta de balance de la realidad. Me dirán que la realidad corresponde a cada quien y a su punto de vista. Veamos qué es lo que RAE dice de realidad: «Existencia real y efectiva de algo. Verdad, lo que ocurre verdaderamente». Los extremos de la realidad guatemalteca sí existen y están fuera de balance, de equilibrio. Hay un énfasis demasiado inclinado de un lado en relación al otro.
Las personas ven que hay una «generosidad» de financiar algunos programas y otros que buscan sobrevivir. Aun programas supuestamente con una aportación porcentual financiera, estipulada por el Congreso, no lo reciben. Como ejemplo, la atención a los niños con Síndrome Down y las Obras Sociales del Hermano Pedro. Los resultados de una crisis pueden traducirse en acciones positivas para que se tomen las decisiones correctas para regresar a un balance, a la realidad, estableciendo las verdaderas prioridades de las necesidades de la población. Eso sería una verdadera señal de liderazgo. Las acciones prioritarias sobre las verdaderas necesidades pueden cambiar la realidad de lo se está viviendo y así corregir los factores que han causado la crisis. Sabemos que hasta que no se llega a una crisis no se presta atención a una situación y mucho menos intentar resolverla o prevenirla. Actuemos, no más crisis. Pregunto: ¿Quién quiere privatizar la Usac y con qué fin?