No hace falta consensuar, la población en general sustenta el criterio que las mismas sirven como de tarjeta de presentación atinente a las festividades pascuales y de Año Nuevo. A parte de constituir una mantenida e inveterada tradición que ensambla asimismo con el folclor, verdadero imán que apunta al hecho e atraer contingentes turísticos.
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Son el exponente infaltable, acorde en su totalidad con las mencionadas conmemoraciones de fin de año, reactivadoras de movimiento comercial pasajero. De honda ubicación en el alma de los connacionales, a no dudar. También protagonizan el atractivo visible, mediante su innegable policromía, posesionada de gustos plurales, adueñados de entusiasmo.
En cada ocasión solemne, en ciertos momentos de tipo pagano, reflejan con énfasis en la vendimia recalcitrante, el crecimiento de la economía informal, ante la falta de trabajo seguro. Exoneradas en la práctica del pago de impuestos estatales y por ende que la SAT meta sus narices, salvo el correspondiente tributo municipal del llamado piso de plaza.
Integran elementos procedentes del interior del país, algunos arriban desde áreas rurales, deseosos con legítimo derecho de realizar el caso que la diligencia es permitida, ¿o no estoy en lo cierto? Su finalidad emerge con vigor de cara a la meta ansiada de agenciarse de recursos económicos, que huyen por lo visto en la mayoría de casos actuales.
Aprovechan la ocasión, que muchos la pintan calva, en que el colectivo decide por sí y ante sí, de formar filas enormes, en procura de posicionamientos a la cabeza, del consumismo asombroso. De esa cuenta este fenómeno social, entre otras cosas y casos, está a la zaga del producto del aguinaldo impulsivo, mientras dura su alivio y caudas transitorias.
Hay variedad de productos, encargados de satisfacer todos los gustos puestos en la mesa, ya sean conformes o demasiado exigentes. Aunque digan mantener precios asequibles, o convencionales, el alto costo de vida encuentra ubicación y el asidero. Al final el dinero se hace agua, debido a la mayor cuantía de cada uno de los artículos disponibles a la venta.
Respecto al tema visible en dichos eventos, a criterios conocidos, en punta la experiencia, resultan emblemáticos y elevados, pese a las bajas temperaturas climáticas. También una exuberante muestra de cómo el pinabete prosigue en extinción, como quiera que sea, gracias a la mayúscula demanda. Los controles respectivos suelen burlarse fácilmente.
Por otro lado, compradores con calidad similar a legiones urgidos de gastar cuanto tienen a mano, obtienen los indispensables productos propios de la floresta, trasplantada a la ciudad, verbigracia: pino, ciprés, flor de pascua, en el esplendor vegetal que propicia su aroma característico, capaz aunque temporalmente de contrarrestar la contaminación ambiental.
Es imposible falten en estas ventas navideñas, elementos significativos de la ocasión aludida; su vacío sería algo inaudito y no aceptable. Tal los casos del musgo, paxte,»barba de viejo»; la manzanilla, pie de gallo «chichitas» y un muy largo etcétera, extensivo a lo largo y ancho de dichas conmemoraciones exaltadas en el ámbito universal.
Tocante a las artesanías exhibidas en loor a tantas manos laboriosas y mágicas, diríase hasta cierto punto, tienen exponente y son el grado de perfección, ante los ojos absortos del público. Sacan a relucir como los valiosos recursos naturales existentes, a pesar del deterioro que causa el ser humano, gozan de hermosura y lucidez al ser transformados.
Representan la nota viva de genuina alegría popularmente desbordada, cuyo convite busca enrolar a los connacionales. Originan, visto está, un estado de ánimo rayano en lo espectacular, a modo del deseable satisfactor de intereses personales, unidos por el eje de esos instantes que perduran el resto del año postrer y vienen a ser el inicio del entrante.