Venganzas narcoparamilitares disparan homicidios en Medellí­n


FOTO LA HORA: Raul ARBOLEDA/AFP

La policí­a colombiana realiza patrullajes en los barrios marginales arañando las montañas que rodean la ciudad para controlar los actos delictivos.» title=»FOTO LA HORA: Raul ARBOLEDA/AFP

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<p>La ciudad colombiana de Medellí­n, que habí­a logrado sacudirse de la violencia desatada por el capo Pablo Escobar, ha vuelto a ver disparados los í­ndices de criminalidad en un fenómeno atribuido a venganzas de bandas del narcotráfico y paramilitares de extrema derecha.</p>
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Entre enero y junio se registraron 881 homicidios, un aumento de 54% respecto al mismo perí­odo de 2008, cuando sumaron 475, informó el director del Instituto local de Medicina Legal (forense), José Iván Gómez.

La cifra está incluso por encima de los 867 homicidios reportados en el mismo perí­odo en la mexicana Ciudad Juárez, escenario de una guerra del narcotráfico.

Medellí­n, segunda ciudad colombiana con 2,3 millones de habitantes, sufre un incremento del crimen en los últimos tres años. En el primer semestre de 2007 se contabilizaron 365.

«El fenómeno se debe principalmente al enfrentamiento entre la banda de Don Mario y la «Oficina de Envigado»» (organizaciones «narcoparamilitares» que operan en esa ciudad), dijo Jorge Ceballos, personero de Medellí­n (defensor del pueblo).

Su diagnóstico coincide con el de la Policí­a. Una fuente policial que requirió el anonimato aseguró que cerca de 63% de los asesinatos corresponde a miembros de bandas que se disputan el control del territorio, especialmente por el manejo del tráfico de drogas.

«Se enfrentan por el control del negocio del narcotráfico, por el control de las plazas de vicio», donde se vende la droga al menudeo, que representan importantes ganancias económicas, explicó la fuente.

«Los enfrentamientos entre bandas delincuenciales se intensificaron a raí­z de la extradición a Estados Unidos» en mayo de 2008 «de los desmovilizados jefes paramilitares», que mantení­an el control de las organizaciones y negocios ilí­citos en esa zona, según indicó.

Según esta fuente, el inusitado aumento de los asesinatos, que las autoridades locales reconocen, responde a que «no se ha podido consolidar un liderazgo fuerte en el interior de las organizaciones criminales».

Sin embargo, la ola de violencia que afecta nuevamente a Medellí­n va más allá de la guerra del narcotráfico, pues según el Personero allí­ «confluye todo tipo de organizaciones criminales, dedicadas tanto al narcotráfico como la extorsión, el paramilitarismo y la delincuencia común».

«Hay bandas dedicadas a extorsionar a los transportadores, al comercio informal, a los «paga-diarios» (personas que adquieren créditos con intereses de usura a prestamistas ilegales)», detalló.

Ceballos destacó la incidencia de los paramilitares en estas bandas, pues si bien la ultraderecha se desmovilizó entre 2003 y 2006, «sólo sus cabecillas están en la cárcel, mientras los 23.000 restantes están en las calles».

El 66% de las ví­ctimas de estos asesinatos corresponde a hombres entre 18 y 35 años muertos por arma de fuego, según Medicina Legal.

Para el Instituto Popular de Capacitación, una ONG defensora de los derechos humanos, Medellí­n está atravesando por otro ciclo de violencia derivado de factores delincuenciales no resueltos como el narcotráfico, el paramilitarismo y la delincuencia común.

«Estos factores a veces se articulan y por eso este ciclo de violencia», dijo Jesús Balbin, directivo de la ONG, a la AFP, destacando la incidencia en esta racha de «los mandos medios y bajos de los paramilitares» desmovilizados.

El principal escenario de la violencia en Medellí­n son los barrios marginales levantados arañando las montañas que rodean la ciudad, que en la época del capo Escobar -abatido en 1993- fueron la cantera de sus sicarios a sueldo.

Dos cuerpos desmembrados aparecieron el fin de semana en uno de esos suburbios.

La cifra de homicidios en el primer semestre de 2009 está lejos de los 6.800 muertos al año que llegó a registrar la ciudad a comienzos de la década de los 90, cuando el cartel cocainero de Medellí­n, liderado por Escobar, estaba en plena guerra contra el Estado.

«El fenómeno se debe, principalmente, al enfrentamiento entre la banda de Don Mario y la Oficina de Envigado»

Jorge Ceballos

Omdbusman de Medellí­n