La lluvia no cesaba, mi corazón tenía el mismo escenario que mis ojos, aunque mi sonrisa como de anuncio de pasta dental lo disfrazaba perfectamente y sí se puede ser como Garrick, reír mientras por dentro se llora, abrazar a quienes anuncian su tristeza y pintar colores de ánimos arriba con una paleta imaginaria porque nuestros sentidos ven todo gris, oscuro, nublado.
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La lluvia seguía cayendo, el cansancio era evidente en los rostros de esas casi cien personas que antes de que el sol cayera habían tomado buses y conducido autos para llegar al encuentro.
El café ya no estaba haciendo efecto y como en la canción de Radio Viejo, todos pedían cama, sólo que con otro objetivo.
El anuncio de “aun hay más”, emulando a aquel presentador de espectáculos no les agrado, pero aún así acudieron al espacio dispuesto para lo que seguía esperaron.
Los tamborazos los sacaron de lasitud y junto con el retumbar de las baquetas y el colorido de los trajes de los artistas las sonrisas asomaron.
No tardaron mucho, al igual que yo, en dejarse llevar al centro del salón y empezar a bailar mientras la batucada empezaba a calentar cuerpos y corazones.
Mi sonrisa cambió, dejó de ser la diseñada para eventos sociales y pasó a ser la auténtica, la que me caracteriza. La lluvia atizaba contra las ventanas y este sonido se mezclaba con el tun tun de los tambores y por momentos como que si naturaleza y arte se conjugaran, las gotas fueron suavizando el golpeteo permitiendo que la voz de Catalina nos inundara y contagiara de paz. Cada palabra: armonía, libertad, colores, alegría, luz parecían tomar vida y penetrar en nuestros ser, hablo en plural porque vi los rostros transformarse, porque sentí muchas emociones invadirnos, porque la angustia, la que me apretujaba el pecho aflojó.
Así de simple, Catalina, Estela, Plinio, Harris, Ana, Allan, Jonathan, Kevin y Mynor o el Colectivo Caja Lúdica pudo, estoy segura que una vez más, hacer que la tormenta cesara. Y así fue, la brisa baño nuestros rostros cuando danzando por los jardines seguimos la música.
No cabe duda, el arte transforma, la música alegra y las palabras sinceras se contagian. Gracias a Caja Lúdica por ese momento, gracias por existir y por ser actores de cambio en esta Guatemala de nuestros amores, aunque a veces se nuble.