Cerca de 30 mil personas visitaron la V Feria Internacional del Libro en Guatemala, Filgua 2008, instalada en el Parque de La Industria. Reunidos en el evento más de 50 escritores centroamericanos, la feria dejó una agradable sensación acerca del desarrollo del arte literario y la producción académica en la región. Lectura de cuentos y poesía, discusiones sobre el rol y futuro de la escritura y la lectura en nuestros países, presentación de nuevas obras y estudios sociales, presencia de connotados autores como Marco Antonio Flores, Mario Roberto Morales, Carolina Escobar, Maya Cú y Sergio Ramírez conformaron un cuadro en el que reinó un ambiente festivo y un desborde de emociones forjadas por el intercambio de palabras.
Mario Roberto Morales, premio nacional de literatura, en recientes intervenciones públicas se ha referido al Intelicidio como la «imposibilidad de interpretar analíticamente la información histórica que sobre el mundo se recibe», y lo expone como una incapacidad de las generaciones más jóvenes a causa del bombardeo audiovisual a que son expuestas desde los primeros años de vida y que les impide concentrarse en la lectura y entender lo que se lee. Padecimiento contemporáneo que contrasta con el eslogan publicitario de Filgua 2008: Vamos por un país de lectores.
El esfuerzo de realizar ferias de libro es importante y el incremento de casas editoriales y títulos es necesario para alcanzar la meta que el eslogan de la feria propone. Sin embargo, el problema del Intelicidio es una de las causas fundamentales que hacen de Guatemala una sociedad iletrada. El Intelicidio además, tiene otra cara más cruel y evidente: la desnutrición crónica infantil que deja sin la capacidad fisiológica de leer y entender lo leído a uno de cada dos niños menores de cinco años a nivel nacional y dos de cada tres niños indígenas. Es un flagelo que debe enfrentarse con seriedad y premura por todos los que soñamos con un país de lectores.
Esta niñez está privada de un desarrollo pleno. La situación es tan extrema que pone en peligro mismo la viabilidad de un país de ciudadanos y ciudadanas capaces de exigir derechos y cumplir obligaciones. La situación del hambre y la desnutrición se palia con entrega de alimentos, pero sólo se resuelve apoyando los procesos de producción de la gente del campo. La encrucijada no está en dar el pescado o enseñar a pescar. Por milenios la población guatemalteca ha sabido producir sus alimentos. Es cuestión de reconocer esos saberes y generar las condiciones necesarias, que implican en primera instancia acceso a tierra fértil en cantidad adecuada.
Con certeza Filgua será un evento más grande en 2009. Sería muy alentador ver a escritores, escritoras y casa editoriales encabezar una campaña que promueva un país de lectores y el fin de la desnutrición infantil en el país. La relación entre una meta y otra es más que evidente.