Vale doblar el espinazo por un cargo honorable


Eduardo-Villatoro-2014

Aunque no se puede arribar a conclusiones absolutas partiendo de opiniones de un pequeño grupo de personas, en alguna medida el criterio de lectores que envían sus acotaciones a los columnistas de los diarios impresos, por lo menos en lo que a  mis artículos respecta, representa o es un  reflejo quizá parcializado de lo que se ha dado en llamar la opinión pública, sobre todo porque estos guatemaltecos no son expertos en los casos que aborda el periodista de opinión, menos analistas políticos consumados, como en el presente tema, sino que simples ciudadanos que aprovechan los espacios de los portales mediáticos para exponer sus puntos de vista, a veces muy rudimentariamente y en otras ocasiones utilizando un léxico  agresivo y hasta procaz.

Eduardo Villatoro


En que lo que me atañe, suelo valorar los aportes de los que se toman su tiempo para escribir glosas a mis textos, pese a que en ciertas oportunidades no faltan quienes se aprovechan de este espacio para proferir insultos en mi contra por las posiciones que adopto en determinados asuntos, pero cuando publico artículos que no llevan alguna carga ideológica de mi parte, me he percatado que mis contados lectores que añaden sus opiniones a mis textos es cuando afloran sus sentimientos, pensamientos, pasiones, simpatías y antipatías.

El sábado pasado publiqué una columna en la que, resumidamente, señalaba que para los aspirantes a magistrados al nuevo Tribunal Supremo Electoral es incómodo que necesariamente acudan al Congreso para pedir, solicitar o suplicar el voto de los parlamentarios, y en tal sentido tendrían que hacer sumo acopio de humildad para plantear sus ruegos.

Independientemente de que, cuando escribo estos apuntes, el Congreso ya haya seleccionado a los titulares del TSE para el próximo periodo, no pierden vigencia las acotaciones de varios de mis contados lectores, algunas de cuyas versiones sintetizaré  enseguida.

Don Jacinto López Ruano es quien ejemplifica con más enjundia y claridad el escrutinio de los diputados a los potenciales magistrados del TSE, al señalar que “Este procedimiento (de elegir a los aspirantes) debe cambiar, sobre todo porque es inconcebible que políticos totalmente desprestigiados como los diputados, sean precisamente los que evalúen el desempeño, la excelencia y fundamentalmente la honorabilidad de los futuros magistrados del TSE”, justamente la institución que tiene a su cargo vigilar el cumplimiento de normas electorales y políticas.
 
Agrega lapidariamente “Es como si (los que conforman) una clicka de mareros examinaran a una terna de abogados que integrarían un tribunal de primera instancia del ramo penal”. Termina diciendo con notoria amargura “No cabe duda que Guatemala está patas arriba en cuestión de principios, valores y elementos básicos de lógica, raciocinio y sentido común”.

Por su parte, doña Rosa Virginia de Alba sostiene que “Es indignante que supuestos abogados notables vayan a doblar el espinazo ante una partida de ladrones y corruptos”, y se pregunta “¿Qué autoridad  moral puede tener Oliverio García Rodas, quien se ha puesto las camisetas de todos los partidos políticos y fue el enlace de Serrano Elías con los diputados de entonces para sobornarlos?”

Este parlamentario había declarado días antes que “El próximo TSE tiene una harta obligación de devolvernos confianza al sistema electoral (sic). La crisis que tenemos encima es derivada de la irresponsabilidad, la indolencia y la complacencia”, (sic) supuestamente de magistrados de esa institución.
 
(El globero Romualdo Tishudo cita al lector Alexis Carreño, quien comentó: “Q50 mil mensuales, más canonjías y privilegios bien vale un doblón de cintura”).