Vacacionistas buscan trabajo


En el campo laboral, mayor a estas alturas, hay fuerte oponente. Estudios y análisis de diversas ópticas ubican menos oferta ocupacional y más demanda. Centros fabriles con años de operación nantienen igual estatus, a pesar de su expansión. Polí­ticas empresariales actúan en sentido limitante, para favorecer siempre el bastión sustancial de sus costos rí­gidos.

Juan de Dios Rojas

Desde el suceso mundial atinente a la revolución industrial, el panorama motivante de cambios visibles continúa en sus trece. El punto máximo de trascendencia, a la postre en verdadero menoscabo de la fuerza humana, la maquinaria vino a ocasionar el desplazamiento de la misma. Las consecuencias de inmediato repercutieron en demasí­a, visto está hoy en dí­a.

De esa suerte sin suerte, los vacacionistas escolares enfrentan dicho escollo al buscar ocupación año tras año. Menores posibilidades encuentran al momento de la consabida aplicación, aquí­ y allá. Un caso relevante de estorbos de diversa í­ndole, pero los entusiasmos juveniles no desmayan a las primeras de cambio, y persisten dondequiera, con espí­ritu batallador.

Las plazas en el campo laboral disponibles de cuando en cuando, representan auténticos paquetes que significan un sinnúmero de requisitos de escolaridad. Inclusive dominio de la computación y del internet. Hoy por hoy, dos armas indispensables en cualquier puesto, por bajo sea la escala de trabajo. Tal requisito en punta, congruente con intereses y necesidades no varí­a.

Entran en juego dos fuerzas: el capital y el trabajo, no cabe duda alguna su desarrollo y armoní­a es algo sumamente difí­cil coordinar, mucho menos lograr. Etapas diversas de la civilización hacen esfuerzos inauditos por un entendimiento mutuo, por lo tanto el presente tampoco es la excepción deseable. Irreconciliables en sumo grado en las etapas habidas y por haber.

Hay un muro invisible, capaz de mantener a cada uno en posición invariable, salvo grandes sucesos que consiguen botar ese muro de la ignominia. Acontecimiento de resonancia, equivalentes a colosos en acción pueden articular consensos forcivoluntariamente. Es una lucha permanente por mediar el deseable advenimiento y su respectivo desenlace feliz y dichoso.

Pasan los años, ocurren enormes movimientos, pero continúa el mismo estatus. La clásica posición de patrón y empleado, sin tregua salvadora es el referente imponderable. A veces con ánimo de armoní­a, a veces con un calificativo recalcitrante, alejado por consiguiente de diálogo o encerrona. Estos concluyen por regla general en reuniones de sordos nada más.

El caso y ejemplo sencillo como convincente lo hallamos cada vez de fijar el salario mí­nimo laboral, tanto para trabajadores del campo como de la ciudad. De hecho existe divisionismo a tiempo de dichas denominaciones, concluyentes en reconocer las diferencias individuales. Nada que ver la remota situación de utilizar con humanidad un mismo rasero.

A los vacacionistas escolares los ven de menos, o por encima del hombro, digan lo que digan en descargo. Persiste la desconfianza manifiesta, no obstante pasar cualquier prueba. En Guatemala es parte concreta del costumbrismo siniestro que la cultura del respeto, generaciones y generaciones la han vivido, razón de peso para que siga en la mente, aun ya en la plaza.

Tampoco debe quedarse en el olvido algo más, de gran peso y presencia. Del mismo modo que la población escolar crece bastante, similar dificultad implica la competencia, no siempre leal. Durante las vacaciones escolares son auténticas madejas alborotadas de muchachada con derecho a obtener trabajo que al no lograrlo, optan de hecho por la vuelta al taller.

Por lo tanto, conforma í­ndole preferencial entre dichos vacacionistas tener mejor capacitación laboral, aunque el criterio es que la escuela no cumple en su totalidad con este objetivo, pese a manejarse dentro de la metodologí­a y didáctica los objetivos operacionales que causaron una gigantesca bomba de tiempo cuando el Mineduc trató de aplicarlos en el año 1979.